jueves, 16 de octubre de 2008

Historia de la Humanidad Manipulada

A lo largo de la historia de la humanidad se han desarrollado infinidad de hechos curiosos, extraños, o "misteriosos", los cuales para la llamada "Ciencia Oficial" no tienen mayor interés, puesto que, en teoría, están totalmente explicados desde el punto de vista del método científico. Para ella está todo visto y "clasificado". Según este ortodoxo punto de vista, la historia que se enseña en los estamentos de educación parece tener respuestas a los cientos de enigmas y misterios sin resolver que salpican invariablemente la historia de nuestra civilización.

Habría que tener en cuenta, que al igual que sus antecesores, nuestros pueblos actuales, en la mayoría de los casos, han seguido la tradición de transformar la historia a su interés, no dudando en retocar y destruir lo que haga falta y crear una historia a la medida de sus necesidades, y sobre todo atar todos los cabos sueltos posibles para que haya una coherencia en su exposición y la gente no pregunte ni sospeche, por lo menos la mayoría.

Ya que si existe una minoría que está en desacuerdo, ello no tiene importancia, pues con sus títulos, sus prepotencias, y las leyes que los amparan, de un plumazo, como quien dice, se los quitan de en medio sin ningún escrúpulo. ¡Quien dude de la ciencia oficial establecida está sentenciado de antemano...! En la mayoría de los casos, a ser tratado de irresponsable, irreverente, absurdo, incoherente, fantasioso, pseudo-científico, etc. Y hasta en algunos casos corre peligro, el "osado" que ponga en duda los dogmas impuestos, de perder su trabajo y ¡cómo no!, a ser tildado de loco.

Una de las maneras de desestabilizar los argumentos de las personas que están en la búsqueda de nuevas respuestas desde nuevos paradigmas, es la exposición de artículos con expresiones y conceptos profesionales que sólo entiende una elite, y que prácticamente no sirven para nada, solamente es un snobismo que complica el entendimiento entre toda clase de personas. Nadie tiene la potestad de la verdad, por lo que detrás de palabras grandilocuentes solamente se esconden viejos trucos de defensa contra toda clase de "intrusos" que puedan desestabilizar los dogmas impuestos.

Por ejemplo, sobre nuestro pasado más remoto apenas conocemos nada, la ciencia establecida no le da la importancia que se merece, ya que constantemente se encuentra con innumerables enigmas, los cuales no saben como hacerlos coincidir con sus dogmas. El megalitismo es su "talón de Aquiles". No saben, ni sabrán jamás, bajo sus cerrados planteamientos racionales y positivistas, en que orden cronológico colocarlo y que explicación razonable darle.

Prueba de ello es que en la mayoría de los libros de historia apenas se trata el tema con amplitud, unas pocas páginas exponen a grosso modo toda una época desconocida y a la vez espectacular, llena de impresionantes construcciones de grandes bloques, en la mayoría de los casos de muchas toneladas...

Sistemáticamente se hace un planteamiento rápido adjudicándoselo a hombres prehistóricos, y ni siquiera tienen la humildad o el "espíritu crítico" para plantearse dudas al respecto... Y si encuentran alguna, para hacer coherente su discurso, salen con las muletillas de siempre: "hay que seguir investigando", o "hay que esperar ¡200 o 300 años! para "encontrar algo"... Y se conforman con que el tiempo irá encontrando a nuevos historiadores o arqueólogos que hallarán nuevas respuestas, clásicas por supuesto, que los anteriores (cerrados en su paradigma) no supieron encontrar.

Y de esta manera, la gran falacia sigue su curso, los historiadores ortodoxos se empeñan en demostrar que el hombre antiguo, además de fanático, era un necio... Se la pasó siglos y siglos erigiendo templos con piedras gigantescas. Y en vez de construirlos cerca de las canteras, se obstinó en levantarlos a cientos de kilómetros del lugar de donde las extrajo, como si estuvieran poseídos por alguna especie de "manía" edificatoria... Y encima se pretende dar explicaciones "simplistas" (pero rebuscadas desde la dialéctica racional). Por no decir que abundan multitud de contradicciones entre los historiadores ortodoxos, que en muchos casos han llegado a conclusiones cómicas, absurdas y hasta ridículas.

Y entonces, como consecuencia de lo anteriormente expuesto, en la actualidad, a muchas de las personas que se han abierto a otras líneas de pensamiento e investigación, y que no se dejan arrastar por los dogmas oficiales, se las discrimina y ridiculiza sin escrúpulos desde los estamentos académicos.

Ese es el papel que normalmente ha tenido en la historia la ciencia académica, el uniformar por debajo los conocimientos existentes en el momento de que se trate, a la vez que procede a rechazar todos los adelantos de investigación que realizan los investigadores libres, adelantados a su época. Qué más se puede decir a esta altura de la abstracta comunidad científica, representada por "prestigiosas" revistas de divulgación y laureadas cabezas que impresionan al grueso del público con sus "vastos" conocimientos y severos rostros. Estas personas deberían darse cuenta de que la ciencia auténtica no prescinde de los hechos porque no sepa como catalogarlos o vulneren los parámetros establecidos, los auténticos científicos son tenaces, objetivos y persiguen la verdad, sin importarles que con ello pongan en riesgo su prestigio académico.

Y a esta especie de manía persecutoria se suman los medios de comunicación, que más que informar, en muchos casos desinforman. Además de bailar al son de sus accionistas e incluir entre sus redactores a personas de estrecha capacidad mental, se venden al convencionalismo, siguen mansamente y sin rubor la corriente "intelectual" que margina lo que no entiende y, en definitiva, contribuyen de buen grado a que la masa se forme en lo que está bien visto que opine. En palabras más simples, en lo que concierne a lo insólito, a lo científicamente desestabilizador, los medios de comunicación manipulan a la opinión pública de una manera alevosa.

Cuidado, nunca es bueno generalizar, y aquí no será la excepción, porque no hay dudas que existen personas que también se han abierto a otro tipo de caminos alternativos dentro del ámbito académico. Pero son los menos, y el camino les es más difícil por las barreras dogmáticas que le impone el pensamiento científico ortodoxo occidental, omnipotente a más no poder.

Y es de esta manera como se limita el derecho de las personas a pensar y razonar por sí mismas. Lo importante es que cada uno saque sus propias conclusiones, y no dejarse llevar por dogmas ni mitificaciones, ya sean éstas científicas o paracientíficas. Porque está muy claro que aprovechadores, ladrones y mitificadores existen a montones.

El pasado no tiene por qué seguir las mismas reglas que las actuales, nuestros antepasados posiblemente pensaron y actuaron de manera distinta. Sus necesidades y sus intereses pueden haber sido muy diferentes a los actuales. Por eso al observar restos arqueológicos de aquellas remotas épocas hay que tener la mente abierta a nuevas posibilidades, a nuevas hipótesis.

Por ejemplo, para muchos investigadores, la mitología es una valiosísima herramienta en la investigación. Y es muy interesante darle otro tipo de interpretación a la mitología de esos pueblos, que seguramente nos va a informar mucho más que un pedazo de cerámica o una punta de lanza…

Por eso siempre hay que buscar, aunque sea por caminos diferentes a los establecidos, y sobre todo aprender a romper esquemas y a tener una mente abierta a toda clase de posibilidades.

Y habría que hacer un poco más de caso a nuestros verdaderos instintos e intuiciones, que probablemente nos aclaren mucho más que siguiendo otra clase de procedimientos, como adherir ciegamente a doctrinas de pensamiento que lo único que hacen es obnubilar la mente.

En conclusión, desde tiempos muy antiguos, la historia de la humanidad ha sido manipulada por los vencedores de cada contienda que ha habido en cada lugar de nuestro mundo en las distintas épocas. Sistemáticamente y sin ningún tipo de escrúpulos, han hecho desaparecer innumerables objetos y documentos de gran valor. Mandaron a transformar hechos importantes de los "vencidos", adjudicándoselos los nuevos vencedores, como si fueran suyas la mayoría de las hazañas, las construcciones, las costumbres, las tradiciones, etc.

Cuando se encontraron filosofías, técnicas complejas diversas, construcciones enigmáticas, etc., que no gustaron a los nuevos vencedores, éstos no dudaron en hacerlas desaparecer. Todo ello una y otra vez a través de los siglos, creando en los tiempos actuales una enorme confusión a la hora de tener una idea clara y concisa de lo que realmente sucedió en aquellas épocas.

Y es por ello que desde hace siglos el hombre vaga sin rumbo fijo, cambiando como las veletas según viene el viento. Filosofías, intereses, amenazas, guerras, imposiciones, ambiciones, religiones y un largo etcétera de motivaciones han hecho que los hombres no puedan recuperar su verdadera identidad. No tenemos identidad propia salvo la que nos han impuesto quienes nos dominan, que normalmente están tan perdidos como nosotros (sobre todo los políticos).

Y la libertad de pensamiento es el mejor medio para encontrar cada uno su propia verdad y quizás su propia identidad.

Existen muchísimas evidencias que demuestran que nuestros antepasados poseían un nivel de conocimiento muy diferente al que la historia oficial pretende hacernos creer. Innumerables objetos y monumentos a lo largo y ancho del planeta demuestran que la cronología expuesta no coincide con los hechos. Pero el gran obstáculo para la aceptación de estos es la "ciencia establecida" como verdad oficial, que llega incluso a negar evidencias experimentales. Ya no hay dudas de que la historia, tal como nos la han contado, no tiene nada que ver con la realidad.

Por eso, buscar en las huellas de nuestro pasado más remoto es la pieza clave de cualquier investigación profunda y seria que se haga sobre la mayoría de temas paracientíficos. Afortunadamente en la actualidad este tema está resurgiendo con más fuerza que nunca. Paulatinamente investigadores independientes de todos los rincones del mundo comienzan a comprender que la historia de la humanidad contiene graves errores conceptuales, y están adquiriendo el valor de criticar los prejuicios intelectuales que lamentablemente abundan, para impulsar definitivamente el trascendental e irrevocable cambio paradigmático que se ha iniciado.

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