martes, 21 de octubre de 2008

La Tierra Hueca

Los partidarios de la Tierra hueca sostienen eso, que la Tierra es hueca y que existen dos grandes entradas al interior situadas en los Polos Norte y Sur. Luego hay variantes más o menos alucinadas donde aparecen arcanas razas superinteligentes, OVNIs, mamuts, soles interiores y cosas así.

El vicealmirante Richard Byrd
El vicealmirante Richard E. Byrd de la US Navy fue un distinguido aviador pionero y explorador polar que sobrevoló el Polo Norte el 9 de mayo de 1926 y dirigió numerosas expediciones a la Antártida, incluyendo un vuelo sobre el Polo Sur el 29 de noviembre de 1929. Entre 1946 y 1947, llevó a cabo la operación a gran escala llamada «High Jump» (Salto Alto), durante la cual descubrió y cartografió 1.390.000 km² de territorio antártico

Las famosas expediciones de Byrd entraron por vez primera en la controversia de la Tierra hueca cuando varios artículos y libros especialmente Worlds beyond the Poles (Mundos más allá de los Polos), de Amadeo Giannini pretendieron que Byrd había en realidad volado no por encima del Polo, sino hacia dentro de los grandes agujeros que llevan al interior de la Tierra. Ray Palmer, basándose principalmente en el libro de Giannini, introdujo esta teoría en el número de diciembre de 1959 de su revista y, a raíz de ello, mantuvo una voluminosa correspondencia al respecto.

Según Giannini y Palmer, el vicealmirante Byrd anunció en febrero de 1947, antes de un supuesto viaje de 2.750 km a través del Polo Norte: «Me gustaría ver la tierra más allá del Polo. Esa área más allá del Polo es el centro del Gran Enigma.» Giannini y Palmer decían también que, durante su supuesto vuelo sobre el Polo Norte en 1947, el vicealmirante Byrd comunicó por radio que veía debajo de él, no nieve, sino áreas de tierra con montañas, bosques, vegetación, lagos y ríos y, entre la maleza, un extraño animal que parecía un mamut. También, siempre según Giannini y Palmer, en enero de 1956, después de dirigir otra expedición a la Antártida, el vicealmirante Byrd había manifestado que su expedición había explorado 3.700 km más allá del Polo Sur y, además, justo antes de su muerte, Byrd había dicho de la tierra más allá del Polo que era «un continente encantado en el cielo, tierra de misterio permanente». Esa tierra, según otras teorías, era la legendaria Ciudad del Arco Iris, cuna de una fabulosa civilización perdida.

Para Giannini y Palmer, los comentarios atribuidos al vicealmirante Byrd no hacían más que confirmar lo que ellos habían sospechado siempre: que la Tierra tiene una forma «extraña» en los Polos, algo parecido a un « donut», con una depresión que, o bien se hunde muchos kilómetros en las entrañas de la Tierra, o forma un agujero gigante que pasa a través del eje de la Tierra, de un polo a otro.

Dado que, por razones geográficas, es imposible volar 2.750 km más allá del Polo Norte o 3.700 km más allá del Polo Sur sin ver agua, es lógico pensar que el vicealmirante Byrd debe haber volado hacia dentro de las enormes cavidades convexas de los polos, dentro del Gran Enigma del interior de la Tierra y que, si hubiera seguido adelante, habría llegado a la base secreta de los OVNIS que pertenecen a la super-raza oculta, quizás la legendaria Ciudad del Arco Iris que Byrd habría visto reflejada en el cielo.

La posibilidad de que la Tierra sea hueca, de que se pueda entrar en ella a través de los polos Norte y Sur, y de que civilizaciones secretas florezcan en su interior, ha espoleado las imaginaciones desde tiempo inmemorial. Así, el héroe babilonio Gilgamesh visitó a su antepasado Utnapishtim en las entrañas de la Tierra; en la mitología griega, Orfeo trata de rescatar a Eurídice del infierno subterráneo; se decía que los faraones de Egipto comunicaban con el mundo inferior, al cual accedían a través de túneles secretos ocultos en las pirámides; y los budistas creían (y creen todavía) que millones de personas viven en Agharta, un paraíso subterráneo gobernado por el rey del mundo.

El mundo científico no fue inmune a esta teoría: Leonard Euler, un genio matemático del siglo XVIII, dedujo que la Tierra era hueca, que contenía un sol central y que estaba habitada; y el doctor Edmund Halley, descubridor del cometa Halley y astrónomo real de Inglaterra en el siglo XVIII, también creía que la Tierra era hueca y albergaba en su interior tres plantas. Ninguna de estas teorías estaba sustentada científicamente, pero alternaban con varias obras de ficción sobre el mismo tema, las más importantes de las cuales eran Las Aventuras de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan Poe (1833), en la cual el héroe y su compañero tienen un terrorífico encuentro con seres del interior de la Tierra; y el Viaje al centro de la Tierra de Julio Verne (1864), en la cual un profesor aventurero, su sobrino y un guía penetran en el interior de la Tierra a través de un volcán extinguido en Islandia, y encuentran nuevos cielos, mares y reptiles gigantescos y prehistóricos que pululan en los bosques.

La creencia en una Tierra hueca estaba tan extendida que incluso Edgar Rice Burroughs, el célebre autor de Tarzán, se sintió obligado a escribir Tarzán en las entrañas de la Tierra (1929), en el que el famoso hijo de la selva va a Pellucidar, un mundo que se encuentra en la superficie interior de la Tierra y que está alumbrado por un sol central. La sombra más allá del tiempo (1936) de H. P. Lovecraft transportó el tema a la época actual describiendo una raza antigua y subterránea que dominó la Tierra hace 150 millones de años y que, desde entonces, en el refugio de la Tierra interior, ha inventado aviones y vehículos atómicos, y domina el viaje en el tiempo y la percepción extrasensorial.

En efecto, algunos escritores del inicio del siglo, como William Reed y Marshall Gardner, en base a los informes de varios exploradores árticos, describieron la teoría de la Tierra hueca y abierta en los polos.

Muchos testifican que, penetrando en este Nuevo Mundo, la aguja de la brújula comienza a declinarse hacia abajo, la temperatura se vuelve tibia, hay viento fuerte y polvoriento, se encuentran zorros, mariposas, abejas, liebres, pájaros tropicales y otros animales, vegetaciones exuberantes. En base a otros detalles, Gardner habló de un "Sol central". Varias mitologías esquimales, chinas, hindúes, egipcias, hablan de una raza que vive en el interior de la Tierra, un poco como la raza de los Dioses de la Hyperbórea.

En algunos pasajes de la religión esquimal se dice que "...creen en un mundo futuro. El Alma, después de la muerte, desciende bajo tierra y alcanza varias moradas, la primera de las cuales es algo así como el purgatorio. Las almas buenas lo atraviesan y avanzan más hacia el interior, descubriendo moradas cada vez más bellas, hasta alcanzar aquella en donde reina la perfecta felicidad. Allí el Sol no se pone jamás...".

Grigori Rasputín a la pregunta sobre quien le había enseñado y concedido ciertos poderes, contestó haberse encontrado con "hombres verdes provenientes del Norte".
Una frase del Lama Turgut dice: "El palacio del Rey del Mundo está circundado de los palacios de los Gurú que controlan las fuerzas visibles e invisibles de la tierra, de su interior hasta el cielo, y son patrones de vida y de muerte. Si nuestra loca humanidad continuara con sus guerras, estos podrán venir sobre la superficie y transformarla en un desierto. Estos podrían secar los océanos, cambiar los continentes por extensiones de agua y hacer desaparecer las montañas. Estos, a bordo de extraordinarios vehículos, desconocidos por nosotros, viajan a velocidades increíbles a través de los túneles de la tierra".

Todo esto es testimoniado por las actividades del pueblo, de los Grises.
El escritor Ossendowski habla de túneles subterráneos que conectan con el imperio de Agharta, en donde circulan avanzadas astronaves.

Relato un artículo publicado en Francia sobre los misterios de los subterráneos chinos. Dice así: "Un cierto número de antiquísimas leyendas tibetanas, chinas, indias, hablan de la existencia de un fantástico reino subterráneo situado en los confines del Himalaya, en donde reside el 'Rey del Mundo', encargado de guiar la evolución espiritual de la humanidad".

Ahora los satélites americanos encargados de descubrir las riquezas minerales del Planeta, han confirmado la existencia de una inmensa red de galerías subterráneas bajo todo el territorio de China. En 1961, un arqueólogo de la universidad de Pekín había descubierto la entrada de uno de estos subterráneos, bajo el macizo de Omán. La galería que él había podido visitar presentaba unas paredes sorprendentemente lisas y barnizadas, decoradas con frescos. Sobre una de estas se veía una especie de escudo volante cargado de hombres que perseguían, desde lo alto, una manada de bestias salvajes. En 1969 han sido descubiertos subterráneos, idénticos, en el ecuador que se remontan por lo menos a 12.000 años, también estos con posibles reproducciones de máquinas extraterrestres. La perplejidad de los arqueólogos es total.