viernes, 14 de noviembre de 2008

Mijaíl Mijáilovich Filipov

En la noche del 17 al 18 de octubre de 1903, el sabio ruso Mijaíl Mijáilovich Filipov fue hallado muerto en su laboratorio. Sin duda había sido asesinado por orden de la Ojrana, la policía especial del zar.

La Policía confiscó todos los papeles del sabio y, en particular, el manuscrito de un libro que-de haberse editado- habría de constituirse en la 301ª publicación de este reconocido científico.

El zar Nicolás II examinó personalmente el legajo y, después, el laboratorio fue destruido por completo, y quemados los papeles.
El libro incautado se titulaba: "La revolución por las ciencia o el fin de las guerras". No era un libro exclusivamente teórico. Filipov había escrito a sus amigos (y sus cartas debieron ser abiertas y leídas por la Policía secreta)

"Puedo transmitir en un haz de ondas cortas toda la fuerza de una explosión. La onda explosiva se transmite íntegramente a lo largo de la onda electromagnética portadora, y esto hace que un cartucho de dinamita que estalle en Moscú pueda llevar su efecto hasta Constantinopla. Los experimentos que he realizado demuestran que este fenómeno puede producirse a miles de kilómetros de distancia. El empleo de un arma semejante en la revolución hará que los pueblos se levanten y que las guerras sean completamente imposibles".

Se comprende que una amenaza de esta clase impresionase al zar y que se tomasen las medidas necesarias con la mayor rapidez y eficacia. Pero, antes de entrar en los detalles del asunto, conviene dar algunos datos sobre el propio Filipov.

Sabio a todas luces eminente, había publicado el trabajo de Costantin Tsiolkovski titulado Exploración del espacio cósmico por aparatos de reacción. Sin Filipov, Tsiolkovski habría permanecido desconocido, y bien puede decirse que el "Sputnik" y la astronáutica moderna son debidos indirectamente a Filipov. Este tradujo igualmente al francés, dándola a conocer al mundo entero, la obra capital de Mendéleviev, "Bases de la química", donde se expresa la famosa ley de Mendéleviev acerca de una tabla periódica de los elementos.

Filipov fundó también una importantísima revista de vulgarización científica de alto nivel, la primera que se publicó en Rusia, y que se titulaba Revista de la Ciencia.

Era marxista convencido y se esforzaba en difundir las ideas marxistas, por muy peligroso que esto fuese a la sazón. Tolstói dice en su diario, en las notas, correspondiente al 19 de Noviembre de 1900 "He discutido con Filipov sobre marxismo, es muy convincente".

Pero Filipov no se limitó a ser un sabio, sino que fue también uno de los grandes escritores rusos. Alrededor de 1880, publicó El sitio de Sebastopol, novela que tanto Tolstoi como Gorki consideraron admirable.

Cabe preguntar cómo una vida tan breve - Fue asesinado a los cuarenta y cinco años de edad- pudo ser tan fecunda. Filipov redacto una enciclopedia entera, fundó una revista que reagrupó a todos los sabios rusos y publicó también artículos de escritores como Tolstoi y Gorki. Trabajó durante toda su vida, no solo por la difusión de la ciencia, sino también por la del método científico.

¿Que pensar de la realidad de su invento? Recordemos, ante todo, que un invento muy parecido acaba de efectivizarse en los Estados Unidos: (1976) la llamada impropiamente , bomba de argón. El principio de este invento es conocido: la energía producida por la explosión de un cartucho de dinamita en un tubo de cuarzo, comprime el argón gaseoso, que se hace intensamente luminoso. Esta energía lumínica es concentrada en un rayo láser y transmitida de este modo, en forma de luz, a gran distancia. Ya se ha conseguido incendiar una maqueta de avión, de aluminio, a una altura de mil metros.

Se ha realizado, pues, efectivamente, una forma incompleta del aparato de Filipov. Desde luego, él no llegó a conocer el láser, pero estudiaba las ondas ultracortas, de una longitud aproximada a un milímetro, que producía por medio de un generador de chispas. Publicó varios trabajos a este respecto. Ahora bien, incluso en la actualidad (1976), las propiedades de esas clase de ondas son parcialmente desconocidas, y Filipov pudo muy bien encontrar la manera de convertir la energía de una explosión en un haz estrecho de ondas ultracortas.

Puede parecer sorprendente que un sabio aislado pudiese hacer un descubrimiento tan importante, descubrimiento que se ha perdido por completo. Pero existen varios argumentos contra esta ultima objeción. En primer lugar, Filipov no era un sabio aislado. Mantenía comunicación con las mas grandes mentes científicas del mundo entero, leía todas las revistas y poseía una mente enciclopédica, capaz de operar en la frontera de varias ciencias y sintetizarlas.

Por otra parte, y a pesar de todo lo que se cuenta sobre los equipos científicos, sigue siendo cierto que son los individuos los que hacen los descubrimientos. Los grandes descubrimientos de nuestra época, sobre todo en el campo de la física, han sido obra de personas solas; el efecto Mössbauer, que permite la medición de longitudes muy pequeñas por medio de la radioactividad, el principio de no conservación de la paridad, que transformo todo nuestro concepto del mundo, demostrando que la derecha y la izquierda son realidades objetivas en el micro universo, el efecto Ovshanski, que permite fabricar cristales dotados de memoria. En cambio, grandes equipos como la C.E.A. o la C.E.R.N. no han descubierto absolutamente nada, auque hayan gastado cientos de miles de millones. Filipov no andaba sobrado de dinero, pero tampoco tenia que someterse a formalidades administrativas para fabricar un aparato, y esto le permitió avanzar de prisa.

Téngase en cuenta, además, que Filipov trabajo en una época en que la ciencia de las hiperfrecuencias estaba solo en sus comienzos, y los pioneros tienen, muchas veces, una visión muy clara de campos que no serán descubiertos hasta varios siglos después.

Hagamos, por un momento, el papel de abogado del diablo, y preguntémonos si el zar de Rusia, Nicolás II al ordenar el asesinato de Filipov y la destrucción de su libro y sus papeles, no salvo al mundo de la aniquilación. La cuestión merece ser examinada, Filipov fue asesinado en 1903. Si hubiese publicado su procedimiento, este habría estado a punto y en condiciones de ser utilizado durante la guerra de 1914-1918. Y todas las grandes ciudades de Europa, y tal vez de América, posiblemente habrían sido destruidas. ¿Y que hubiera pasado durante la guerra de 1939-1945? Si Hitler hubiese conocido el procedimiento de Filipov, ¿no habría destruido completamente Inglaterra? Y los americanos, ¿no habrían aniquilado el Japón?

Mucho es de temer que tengamos que responder afirmativamente a estas preguntas. Por consiguiente, es posible que el zar Nicolás II , generalmente vilipendiado, deba figurar entre los salvadores de la humanidad. ¿Que pasaría hoy si alguien descubriese la manera de utilizar el procedimiento de Filipov para transmitir a distancia la energía de las explosiones nucleares, de las bombas A y H? Seria, evidentemente, el Apocalipsis y la destrucción total del mundo.

Este punto de vista, ya se trate del invento de Filipov o de otros inventos, empieza a ser compartido por muchos. La ciencia moderna confiesa que se ha vuelto, hoy demasiado peligrosa, y ya hemos citado en el prologo las advertencias formuladas por sabios eminentes. Son unas advertencias muy graves. Por lo demás, los dirigentes del movimiento"Sobrevivir", profesores Grothendieck y Chevalley (1976), no se conforman con esto, sino que pretenden aislar completamente la ciencia e impedir también la colaboración entre sabios y militares. Puestos en esta tesitura, habría que impedir también la colaboración de los sabios con los revolucionarios, sea cual fuere el matiz político de estos.

El invento de Filipov, empleado con fines militares o revolucionarios, parece ser de aquellos que pueden aniquilar por entero una civilización. Los descubrimientos de este orden no deben difundirse.

Y, sin embargo, pueden tener también aplicaciones pacificas; como la posibilidad de transmitir la energía a distancia y, de este modo, industrializar rápidamente los países que tengan necesidad de ello. Algo que había impresionado vivamente a Gorki. Glenn Seaborg, presidente de la comisión americana de energía atómica (1976), anuncio recientemente posibilidades análogas una energía que vendría del cielo en un haz de ondas y que permitiría industrializar casi de repente un país en vías de desarrollo, sin producir la menor contaminación. Tampoco habla el de aplicaciones militares, pero esto se debe sin duda a que no esta autorizado para hacerlo.

Lenin conocía a fondo la obra de Filipov, que, ciertamente, influyo mucho en el. El celebre pasaje de Materialismo y empirocriticismo, sobre el carácter inagotable del electrón, procede directamente de un trabajo de Filipov. Este, además de sabio deseoso de publicar, era un revolucionario. Como ya hemos indicado, habría revelado su descubrimiento sobre la transmisión de la energía de la explosión, y lo hubiese hecho sin darse cuenta de que, con ello, iba a destruir el mundo.

Pues, pensar, como parecía pensar el, que los pueblos, provistos del arma que se aprestaba a darles, iban a destronar a los reyes y los tiranos, y a establecer, gracias al marxismo, la paz universal, parece una idea bastante ingenua.

El problema de la aplicación de las ciencias y las técnicas a la guerra conserva toda su importancia. La mayor parte de los congresos científicos llegan, cada vez con mas frecuencia, a la conclusión de que hay que sofocar ciertos descubrimientos y volver, mas o menos, a la actitud de los antiguos alquimistas. En otro caso el mundo perecerá. Esto no es justificación de la idea de los "Hombres de Negro", sino reconocimiento de un problema existente.

Fred Hoyle, abordando el problema desde otro Angulo, escribió: "Estoy persuadido de que se pueden escribir cinco líneas, y no mas, que destruirían la civilización" En la actualidad (1976) Hoyle es, sin duda alguna, el hombre mejor informado del planeta en todo lo referente a la ciencia moderna y lo que esta es capaz de hacer. Creo, pues, que el caso Filipov constituye una nueva fase, importante, de la historia de los libros condenados. En vez de remontarse a un saber muy antiguo, el manuscrito de Filipov daba la clave de descubrimientos muy modernos. Filipov era una mentalidad realmente enciclopédica, que sabia todo lo que podía saberse sobre ciencias en 1903. Por esto hizo su descubrimiento, descubrimiento que fue causa de su muerte. Podemos preguntarnos cuantos otros descubrimientos análogos no han sido deliberadamente disimulados y destruidos. Hay que reconocer que quienes destruyesen este tipo de manuscritos ( y con respecto a los antiguos, sabemos que los hay dedicados a ello) en estos casos serian unos bienhechores de la humanidad. Pues, si se puede fabricar una bomba de hidrogeno en un hornillo de gas, cosa que ciertamente puede ser posible, es preferible que ese procedimiento alquímico de fabricación no sea dado al publico. Si alguien conociese, en la actualidad, el secreto de filipov, encontraría sin duda alguna en el comercio todas las piezas sueltas necesarias para construir el aparato, y podría sin ningún riesgo personal, hacer saltar por los aires, a muchos kilómetros de distancia, a las personas que le resultasen antipáticas.

Existen, según se dice, listas de inventos demasiado peligrosos. Una de ellas, establecida por militares franceses, se cree que contiene no menos de 805 artículos. Si alguien redactase un texto comprensivo de todos ellos y lo publicase, batiría la marca de los libros condenados. También cabe imaginar un manuscrito a lo fred Hoyle, que no contendría inventos peligrosos, sino ideas peligrosas, esas "frases de cinco líneas" que pueden cambiar el mundo. Si alguien lo redactase, puede dedicarlo a la memoria de Mijail Mijailovich Filipov, el sabio que murió, por un libro condenado, antes de ser libro.