viernes, 9 de enero de 2009

La verdad sobre el caso del señor Valdemar


No pretenderé, naturalmente, opinar que no exista motivo alguno para asombrarse de que el caso extraordinario del señor Valdemar haya promovido una discusión. Sería un milagro que no hubiera sucedido así, especialmente en tales circunstancias. El deseo de todas las partes interesadas en mantener el asunto oculto al público, al menos hasta el presente o hasta que haya alguna oportunidad ulterior para otra investigación, y nuestros esfuerzos a ese efecto han dado lugar a un relato mutilado o exagerado que se ha abierto camino entre la gente, y que llegará a ser el origen de muchas falsedades desagradables, y, como es natural, de un gran descrédito.

Se ha hecho hoy necesario que exponga los hechos, hasta donde los comprendo yo mismo. Helos sucintamente aquí:

Durante estos tres últimos años ha sido repetidamente atraída mi atención por el tema del mesmerismo o hipnotismo animal, y hace nueve meses, aproximadamente, se me ocurrió de pronto que en la serie de experimentos efectuados hasta ahora existía una muy notable y muy inexplicable omisión: nadie había sido aún hipnotizado in articulo mortis. Quedaba por ver, primero, si en semejante estado existía en el paciente alguna sensibilidad a la influencia magnética; en se gundo lugar, si, en caso afirmativo, estaba atenuada o aumentada por ese estado; en tercer lugar, cuál es la extensión y por qué período de tiempo pueden ser detenidas las intrusiones de la muerte con ese procedimiento. Había otros puntos que determinar; pero eran éstos los que mas excitaban mi curiosidad, el último en particular, dado el carácter enormemente importante de sus consecuencias.

Buscando a mi alrededor algún sujeto por medio del cual pudiese comprobar esas particularidades, acabé por pensar en mi amigo el señor Ernesto Valdemar, compilador muy conocido de la Bibliotheca Forensica y autor (bajo el nom de plume de Issachar Marx) de las traducciones polacas de Wallenstein y de Gargantúa. El señor Valdemar, que había residido principalmente en Harlem. N. Y., desde el año de 1839, es (o era) notable sobre todo por la excesiva delgadez de su persona – sus miembros inferiores se parecían mucho a los de John Randolp – y también por la blancura de sus cabellos, que, a causa de esa blancura, se confundían de ordinario con una peluca. De marcado temperamento nervioso, esto le hacía ser un buen sujeto para las experiencias magnéticas. En dos o tres ocasiones le había yo dormido sin dificultad; pero me sentí defraudado en cuanto a otros resultados que su peculiar constitución me había hecho, por supuesto, esperar. Su voluntad no quedaba en ningún momento positiva o enteramente bajo mi influencia, y respecto a la clairvoyance (clarividencia), no pude realizar con él nada digno de mención. Había yo atribuido siempre mi fracaso a esas cuestiones relacionadas con la alteración de su salud. Algunos meses antes de conocerle, sus médicos le habían diagnosticado una tisis comprobada. Era, en realidad, costumbre suya hablar con toda tranquilidad de su cercano fin como de una cuestión que no podía ni evitarse ni lamentarse.

Respecto a esas ideas a que he aludido antes, cuando se me ocurrieron por primera vez, pensé como era natural, en el señor Valdemar. Conocía yo la firme filosofía de aquel hombre para temer cualquier clase de escrúpulos por su parte, y no tenía él parientes en América que pudiesen, probablemente, intervenir. Le hablé con toda franqueza del asunto, y ante mi sorpresa, su interés pareció muy excitado. Digo ante mi sorpresa, pues aunque hubiese él cedido siempre su persona por libre albedrío para mis experimentos, no había demostrado nunca hasta entonces simpatía por mis trabajos. Su,enfermedad era de las que no admiten un cálculo exacto con respecto a la época de su término mortal. Quedó, por último, convenido entre nosotros que me mandaría llamar veinticuatro horas antes del período anunciado por sus médicos como el de su muerte.

Hace más de siete meses que recibí la siguiente esquela del propio señor Valdemar:

«Mi querido P***:

»Puede usted venir ahora. D*** y F** están de acuerdo en que no llegaré a las doce de la noche de mañana, y creo que han acertado con el plazo exacto o poco menos.

VaIdemar. »

Recibí esta esquela una media hora después de haber sido escrita, y a los quince minutos todo lo más, me encontraba en la habitación del moribundo. No le había visto en diez días, y me quedé aterrado de la espantosa alteración que en tan breve lapso se había producido en él. Su cara tenía un color plomizo, sus ojos estaban completamente apagados, y su delgadez era tan extremada, que los pómulos habían perforado la piel. Su expectoración era excesiva. El pulso, apenas perceptible. Conservaba, sin embargo, de una manera muy notable sus facultades mentales y alguna fuerza física. Hablaba con claridad, tomaba algunas medicinas calmantes sin ayuda de nadie, y cuando entré en la habitación, se ocupaba en escribir a lápiz unas notas en un cuadernito de bolsillo. Estaba incorporado en la cama, gracias a unas almohadas. Los doctores D*** y F*** le prestaban asistencia.

Después de haber estrechado la mano del señor Valdemar, llevé a aquellos caballeros aparte y obtuve un minucioso informe del estado del paciente. El pulmón izquierdo se hallaba desde hacía ocho meses en un estado semióseo o cartilaginoso y era, por consiguiente, de todo punto inútil para cualquier función vital. El derecho, en su parte superior, estaba también parcial, si no totalmente osificado, mientras la región inferior era sólo una masa de tubérculos purulentos, conglomerados. Existían varias perforaciones extensivas, y en cierto punto había una adherencia permanente de las costillas. Estas manifestaciones en el lóbulo derecho eran de fecha relativamente reciente. La osificación había avanzado con una inusitada rapidez; no se había descubierto ningún signo un mes antes, y la adherencia no había sido observada hasta tres días antes. Con independencia de la tisis, se sospechaba un aneurisma de la aorta, en el paciente; pero sobre este punto, los síntomas de osificación hacían imposible un diagnóstico exacto. En opinión de los dos médicos, el señor Valdemar moriría alrededor de medianoche del día siguiente (domingo). Eran entonces las siete de la noche del sábado.

Al separarse de la cabecera del doliente para hablar conmigo, los doctores D*** y F*** le dieron un supremo adiós. No tenían intención de volver; pero, a requerimiento mío, consintieron en venir a visitar de nuevo al paciente hacia las diez de la noche inmediata.

Cando se marcharon hablé libremente con el señor Valdemar sobre su cercana muerte, así como en especial del experimento proyectado. Se mostró decidido a ello con la mejor voluntad, ansioso de efectuarlo, y me apremió para que comenzase en seguida. Estaban allí para asistirle un criado y una sirvienta; pero no me sentí bastante autorizado para comprometerme en una tarea de aquel carácter sin otros testimonios de mayor confianza que el que pudiesen aportar aquellas personas en caso de accidente repentino. Iba a aplazar, pues, la operación hasta las ocho de la noche siguiente, cuando la llegada de un estudiante de Medicina, con quien tenia yo cierta amistad (el señor Teodoro L***l), me sacó por completo de apuros. Mi primera intención fue esperar a los médicos; pero me indujeron a obrar en seguida, en primer lugar, los apremiantes ruegos del señor Valdemar, y en segundo lugar, mi convicción de que no podía perder un momento, pues aquel hombre se iba por la posta.

El señor L***l fue tan amable, que accedió a mi deseo de que tomase notas de todo cuanto ocurriese, y gracias a su memorándum, puedo ahora relatarlo en su mayor parte, condensando o copiando al pie de la letra.

Faltarían unos cinco minutos para las ocho, cuando, cogiendo la mano del paciente, le rogué que manifestase al señor L***l, lo más claramente que le permitiera su estado, que él (el señor Valdemar) tenía un firme deseo de que realizara yo el experimento de hipnotización sobre su persona en aquel estado.

Replicó él, débilmente, pero de un modo muy audible:

– Sí, deseo ser hipnotizado – añadiendo al punto – : Temo que lo haya usted diferido demasiado.

Mientras hablaba asi, comencé a dar los pases que sabía ya eran los más eficaces para dominarle. Estaba él, sin duda, influido por el primer pase lateral de mi mano de parte a parte de su cabeza; pero, aunque ejercité todo mi poder, no se manifestó ningún efecto hasta unos minutos después de las diez, en que los doctores D*** y F*** llegaron, de acuerdo con la cita. Les expliqué en pocas palabras lo que me proponía hacer, y como ellos no opusieron ninguna objeción, diciendo que el paciente estaba ya en la agonía, proseguí, sin vacilación, cambiando, no obstante, los pases laterales por otros hacia abajo, dirigiendo exclusivamente mi mirada a los ojos del paciente.

Durante ese rato era imperceptible su pulso, y su respiración estertorosa y con intervalos de medio minuto.

Aquel estado continuó inalterable casi durante un cuarto de hora. Al terminar este tiempo, empero, se escapó del pecho del moribundo un suspiro natural, aunque muy hondo, y cesó la respiración estertorosa, es decir, no fue ya sensible aquel estertor; no disminuían los intervalos. Las extremidades del paciente estaban frías como el hielo.

A las once menos cinco percibí signos inequívocos de la influencia magnética. El movimiento giratorio de los ojos vidriosos se convirtió en esa expresión de desasosegado examen interno que no se ve nunca más que en los casos de somnambulismo, y que no se puede confundir. Con unos pocos pases laterales rápidos hice estremecerse los párpados, como en un sueño incipiente, y con otros cuantos más se los hice cerrar. No estaba yo satisfecho con esto, a pesar de todo, por lo que proseguí mis manipulaciones de manera enérgica y con el más pleno esfuerzo de voluntad, hasta que hube dejado bien rígidos los miembros del durmiente, después de colocarlos en una postura cómoda, al parecer. Las piernas estaban estiradas por entero; los brazos, casi lo mismo, descansando sobre el lecho a una distancia media de los riñones. La cabeza estaba ligeramente levantada.

Cuando hube realizado esto eran las doce dadas, y rogué a los caballeros allí presentes que examinasen el estado del señor Valdemar. Después de varias pruebas, reconocieron que se hallaba en un inusitado y perfecto estado de trance magnético. La curiosidad de ambos médicos estaba muy excitada. El doctor D*** decidió en seguida permanecer con el paciente toda la noche, mientras el doctor F*** se despidió, prometiendo volver al despuntar el día. El senor L***l y los criados se quedaron allí.

Dejamos al señor Valdemar completamente tranquilo hasta cerca de las tres de la madrugada; entonces me acerqué a él, y le encontré en el mismo estado que cuando el doctor F*** se marchó, es decir, tendido en la misma posición. Su pulso era imperceptible; la respiración, suave (apenas sensible, excepto al aplicarle un espejo sobre la boca); los ojos estaban cerrados con naturalidad, y los miembros, tan rígidos y f.ríos como el mármol. A pesar de todo el aspecto general no era en modo alguno el de la muerte.

Al acercarme al señor Valdemar hice una especie de semiesfuerzo para que su brazo derecho siguiese al mío durante los movimientos que éste ejecutaba sobre uno y otro lado de su persona. En experimentos semejantes con el paciente no había tenido nunca un éxito absoluto, y de seguro no pensaba tenerlo ahora tampoco; pero, para sorpresa mía, su brazo siguió con la mayor facilidad, aunque débilmente, todas las direcciones que le indicaba yo con el mío. Decidí arriesgar unas cuantas palabras de conversación.

– Señor Valdemar – dije –, ¿duerme usted?

No respondió, pero percibí un temblor en sus labios, y eso me indujo a repetir la pregunta una y otra vez. A la tercera, todo su ser se agitó con un ligero estremecimiento; los párpados se levantaron por sí mismos hasta descubrir una linea blanca del globo; los labios se movieron perezosamente, y por ellos, en un murmullo apenas audible, salieron estas palabras:

– Sí, duermo ahora. ¡No me despierte!... ¡Déjeme morir así!

Palpé sus miembros, y los encontré más rígidos que nunca. El brazo derecho, como antes, obedecía la dirección de mi mano... Pregunté al somnámbulo de nuevo:

– ¿Sigue usted sintiendo dolor en el pecho, señor Valdemar?

La respuesta fue ahora inmediata, pero menos audible que antes:

– No siento dolor... ¡Estoy muriendo!

No creí conveniente molestarle más, por el momento, y no se dijo ni se hizo ya nada hasta la llegada del doctor F***, que precedió un poco a la salida del sol; manifestó su asombro sin límites al encontrar al paciente todavía vivo. Después de tomarle el pulso y de aplicar un espejo a sus labios, me rogó que hablase de nuevo al somnámbulo. Asi lo hice, diciendo.

– Señor Valdemar, ¿sigue usted dormido?

Como antes, pasaron algunos minutos hasta que llegó la respuesta, y durante ese intervalo el yacente pareció reunir sus energías para hablar. Al repetirle por cuarta vez la pregunta, dijo él muy débilmente, de un modo casi ininteligible:

– Sí, duermo aún... Muero.

Fue entonces opinión o más bien deseo de los médicos que se dejase al señor Valdemar permanecer sin molestarle en su actual y, al parecer, tranquilo estado, hasta que sobreviniese la muerte, lo cual debía de tener lugar, a juicio unánime de ambos, dentro de escasos minutos. Decidí, con todo, hablarle una vez más, repitiéndole simplemente mi pregunta anterior.

Cuando lo estaba haciendo se produjo un marcado cambio en la cara del somnámbulo. Los ojos giraron en sus órbitas despacio, las pupilas desaparecieron hacia arriba, la piel tomó un tinte general cadavérico, pareciendo no tanto un pergamino como un papel blanco, y las manchas héticas circulares, que antes estaban muy marcadas en el centro de cada mejilla, se disiparon de súbito. Empleo esta expresión porque lo repentino de su desaparición me hizo pensar en una vela apagada de un soplo. El labio superior al mismo tiempo se retorció, alzándose sobre los dientes, que hacía un instante cubría por entero, mientras la mandíbula inferior cayó con una sacudida perceptible, dejando la boca abierta por completo y al descubierto, a simple vista, la lengua hinchada y negruzca. Supongo que todos los presentes estaban acostumbrados a los horrores de un lecho mortuorio; pero el aspecto del señor Valdemar era en aquel momento tan espantoso y tan fuera de lo imaginable, que hubo un retroceso general alrededor del lecho.

Noto ahora que he llegado a un punto de este relato en que todo lector, sobrecogido, me negará crédito. Es mi tarea, no obstante, proseguir haciéndolo.

No había ya en el señor Valdemar el menor signo de vitalidad, y llegando a la conclusión de que había muerto, le dejábamos a cargo de los criados cuando observamos un fuerte movimiento vibratorio en la lengua. Duró esto quizá un minuto. Al transcurrir, de las separadas e inmóviles mandíbulas salió una voz tal, que sería locura intentar describirla. Hay, en puridad, dos o tres epítetos que podrían serle aplicados en cierto modo; puedo decir, por ejemplo, que aquel sonido era áspero, desgarrado y hueco; pero el espantoso conjunto era indescriptible, por la sencilla razón de que sonidos análogos no han hecho vibrar nunca el oido de la Humanidad. Había, sin embargo, dos particularidades que – así lo pensé entonces, y lo sigo pensando – pueden ser tomadas justamente como características de la entonación, como apropiadas para dar una idea de su espantosa peculiaridad. En primer lugar, la voz parecía llegar a nuestros oídos – por lo menos, a los míos – desde una gran distancia o desde alguna profunda caverna subterránea. En segundo lugar, me impresionó (temo realmente que me sea imposible hacerme comprender) como las materias gelatinosas o viscosas impresionan el sentido del tacto.

He hablado a la vez de «sonido» y de «voz». Quiero decir que el sonido era de un silabeo claro, o aún más, asombrosa, espeluznantemente claro. El señor Valdemar hablaba, sin duda, respondiendo a la pregunta que le había yo hecho minutos antes. Le había preguntado, como se recordará, si seguía dormido. Y él dijo ahora:

– Sí, no; he dormido..., y ahora..., ahora... estoy muerto.

Ninguno de los presentes fingió nunca negar o intentó reprimir el indescriptible y estremecido horror que esas pocas palabras, así proferidas, tan bien calculadas, le produjeron. El señor L***l (el estudiante) se desmayó. Los criados huyeron inmediatamente de la habitación, y no pudimos inducirles a volver a ella. No pretendo hacer inteligibles para el lectar mis propias impresiones. Durante una hora casi nos afanamos juntos, en silencio – sin pronunciar una palabra – nos esforzamos en hacer revivir al señor L***l. Cuando volvió en sí proseguimos juntos de nuevo el examen del estado del señor Valdemar.

Seguía bajo todos los aspectos tal como he descrito últimamente, a excepción de que el espejo no recogía ya señales de respiración. Una tentativa de sangría en el brazo falló. Debo mencionar también que ese miembro no estaba ya sujeto a mi voluntad. Me esforcé en balde por que siguiera la dirección de mi mano. La única señal real de influencia magnética se manifestaba ahora en el movimiento vibratorio de la lengua cada vez que dirigía yo una pregunta al señor Valdemar. Parecía él hacer un esfuerzo para contestar, pero no tenía ya la suficiente voluntad. A las preguntas que le hacía cualquier otra persona que no fuese yo, parecía absolutamente insensible, aunque procuré poner a cada miembro de aquella reunión en relación magnética con él. Creo que he relatado cuanto es necesario para hacer comprender el estado del somnámbulo en aquel período. Buscamos otros enfermeros, y a las diez salí de la casa en compañía de los dos médicos y del señor L***l.

Por la tarde volvimos todos a ver al paciente. Su estado seguía siendo exactamente el mismo. Tuvimos entonces una discusión sobre la conveniencia y la posibilidad de despertarle, pero nos costó poco trabajo ponernos de acuerdo en que no serviría de nada hacerlo. Era evidente que, hasta entonces, la muerte (o lo que suele designarse con el nombre de muerte) había sido detenida por la operación magnética. Nos pareció claro a todos que el despertar al señor Valdemar sería, sencillamente, asegurar su instantáneo o, por lo menos, su rápido fin.

Desde ese período hasta la terminación de la semana última – en un intervala de casi siete meses – seguimos reuniéndonos todos los días en casa del señor Valdemar, de cuando en cuanda acompañados de médicos y otros amigos. Durante ese tiempo, el somnánbulo seguía estando exactamente tal como he descrito ya. La vigilancia de los enfermeros era continua.

Fue el viernes último cuando decidimos, por fin, efectuar el experimento de despertarle, o de intentar despertarle, y es acaso el deplorable resultado de este último experimento el que ha dado origen a tantas discusiones en los círculos privados, en muchas de las cuales no puedo por menos de ver una credulidad popular injustificable. A fin de sacar al señor Valdemar del estado de trance magnético, empleé los acostumbrados pases. Durante un rato resultaron infructuosos. La primera señal de su vuelta a la vida se manifestó por un descenso parcial del iris. Observamos como algo especialmente notable que ese descenso de la pupila iba acompañado de un derrame abundante de un licor amarillento (por debajo de los párpados) con un olor acre muy desagradable.

Me sugirieron entonces que intentase influir sobre el brazo del paciente, como en los pasados días. Lo intenté y fracasé. El doctor F*** expresó su deseo de que le dirigiese una pregunta. Lo hice del modo siguiente:

– Señor Valdemar, puede usted explicarnos cuáles son ahora sus sensaciones o deseos?

Hubo una reaparición instantánea de los círculos héticos sobre las mejillas; la lengua se estremeció, o más bien se enrolló violentamente en la boca (aunque las mandíbulas y los labios siguieron tan rígidos como antes), y, por último, la misma horrenda voz que ya he descrito antes prorrumpió:

– ¡Por amor de Dios!... De prisa.-., de prisa..., hágame dormir o despiérteme de prisa..., ¡de prisa!... ¡Le digo que estoy muerto!

Estaba yo acorbadado a más no poder, y durante un momento permanecí indeciso sobre lo que debía hacer. Intenté primero un esfuerzo para calmar al paciente, pero al fracasar, en vista de aquella total sus pensión de la voluntad, cambié de sistema, y luché denodadamente por despertarle. Pronto vi que esta tentativa iba a tener un éxito completo, o, al menos, me imaginé que sería completo mi éxito, y estoy seguro de que todos los que permanecían en la habitación se preparaban a ver despetar al paciente.

Sin embargo, es de todo punto imposible que ningún ser humano estuviera preparado para lo que ocurrió en la realidad.

Cuando efectuaba yo los pases magnéticos, entre gritos de «¡Muerto, muerto!», que hacían por completo explosión sobre la lengua, y no sobre los labios del paciente, su cuerpo entero, de pronto, en el espacio de un solo minuto, o incluso en menos tiempo, se contrajo, se desmenuzó, se pudrió terminantemente bajo mis manos. Sobre el 1echo, ante todos los presentes, yacía una masa casi líquida de repugnante, de aborrecible putrefacción.

Edgar Allan Poe

jueves, 8 de enero de 2009

Jack el destripador

También conocido como Jack the ripper en ingles, fue un asesino en serie que asoló Londres hace más de un siglo y del cual nunca se supo realmente la identidad.
Cinco crímenes perpetuados en Whitechapel hacia 1888, que hoy, por el escaso número de víctimas hubiesen ocupado pocas líneas en los diarios, en su momento revolucionaron Londres y el mundo entero.
Aunque no hay certeza absoluta respecto a los 5 crimenes, ya que se duda si el asesinato de una mujer, también prostituta, el 6 de agosto de ese mismo año, y que respondía al nombre de Martha Tabram, fue también obra suya.

Durante cien años, investigadores, detectives, policías y muchos aficionados han tratado de establecer un perfil psicológico que ayudase a determinar la personalidad o el nombre del asesino, pero hasta ahora solo se han podido identificar los nombres de unos posibles sospechosos. Tal vez por ese motivo Jack el Destripador se ha convertido en el asesino en serie más conocido de la historia. Su nombre nos evoca una silueta entre la niebla del Londres Victoriano, una sombra con capa y sombrero negros que ataca a sus víctimas y desaparece para siempre de la escena del crimen... no en vano se han escrito sobre él cientos de libros, canciones, óperas y películas. Es la perfecta historia de suspense, el gran misterio sin resolver.

Víctimas
Las víctimas eran mujeres que ganaban un salario como prostitutas ocasionales. Los asesinatos típicos de Jack eran perpetrados en un lugar público o semipúblico. La garganta de la víctima era cortada de izquierda a derecha (por lo que, en un primer momento se sugirió que sería diestro, aunque luego se vio la posibilidad de un corte realizado agarrando a la víctima por detrás), a lo que le seguía una mutilación abdominal, aunque en algunos casos dichas mutilaciones se extendían a otras partes del cuerpo. Muchos creen hoy en día que las víctimas eran estranguladas previamente para silenciarlas. Debido a la naturaleza de las heridas en varias de las presuntas víctimas del Destripador, algunas con órganos internos extraídos, como el útero, se ha propuesto la idea de que el asesino tuviera un cierto grado de conocimiento de anatomía. Por este motivo, puede ser que se tratase de un médico, cirujano, o incluso un carnicero, aunque esto, como la mayoría de las creencias sobre el asesino y hechos sobre el caso, está muy discutido.

Las cinco víctimas generalmente atribuidas a Jack son:
* Mary Ann Nichols
* Annie Chapman
* Elizabeth Stride
* Catherine Eddows
* Mary Jane Kelly
En ocasiones se ha incluido en la lista a Martha Tabram y Emma Smith, halladas muertas el 6 y el 11 de agosto de 1888 respectivamente, aunque el modus operandi no concuerda con el de los otros crímenes.

Los Asesinatos
El primer crimen oficial, y el que reconocen todas las crónicas, es el del 31 de agosto de 1888, Mary Ann Nicholls (alias Polly), prostituta y alcohólica, que muere violentamente. Según el atestado forense "Las heridas infligidas a la víctima han sido hechas por persona experta, que hizo los cortes con absoluta precisión y limpieza".
El segundo crimen de la serie sucede el 8 de septiembre del mismo año. Annie Chapman (prostituta y alcohólica, como las demás) es asesinada de idéntica forma.
Justo en ese mes, el 27 de septiembre, la policía recibió la primera carta firmada por “Jack el destripador". Enviada a la Central News Agency, de Fleet Street y escrita con tinta roja (un detalle de humor negro), en ella se escribía: "No cejaré en mi tarea de destripar putas. Y lo seguiré haciendo hasta que me atrapen. El último trabajo salió bordado... Retengan esta carta, sin hacerla pública, hasta mi próximo trabajo... No les importe llamarme por mi nombre artístico".
Después de una larga lista de asesinatos, mutilaciones y crímenes, el 30 de septiembre, la policía recibe la segunda carta de Jack el destripador: "Mi querido jefe: ...Gracias por haber retenido mi carta anterior hasta este momento, en que de nuevo me he echado a la calle para trabajar"
El 9 de noviembre de 1888 Jack el Destripador se despide con el descuartizamiento de Marie Kelly, también prostituta y alcohólica. Fue muerta en su habitación que alquilaba en la calle Miller's Court nº 13 de Whitchapel. La mujer fue encontrada tendida de espaldas sobre su lecho, desnuda, con las orejas, la nariz y los senos arrancados. Analizando las fotos de la época se observó claramente escrito en una pared las iniciales "FM", estas letras encajaban perfectamente con las iniciales de la "fucking mother (puta madre)", como James Maybrick escribía en su supuesto diario, Florence Maybrick, supuesta mujer de éste.

El asesino
John Grieve, un ex comisario jefe adjunto de Scotland Yard, hizo el primer retrato robot de "Jack el destripador" con los testimonios de trece personas que afirmaron haber visto al supuesto asesino, que estranguló y mutiló a cinco prostitutas en el este de la capital británica.

Los investigadores creen que tenía buena conducta además de una capacidad innata para mezclarse entre la muchedumbre y han llegado a la conclusión de que fue interrogado seguramente por la Policía, que lo descartó porque su aspecto normal no delataba a un sádico como el que buscaban.

Además de tener conocimientos de anatomía, como se ha señalado antes, el asesino debía de tener una buena posición económica pues en varios escenarios del crimen se encontraron uvas, que por aquella época eran muy caras.

En la época existieron muchas sospechas aunque ninguna fue demostrada. La más peligrosa (para el sistema social) fue la de que JacK no era otro que Edward, el duque de Clarence, hijo del rey Eduardo VII, que murió, a los 28 años, después de esta serie de asesinatos .

Sin conocer nunca quien fue el causante, la leyenda tiene asegurada una larga vida.

Wekufe


El concepto de Wekufe es amplio, y tiene múltiples usos, ya sea como sujeto, cualidad o agente, dependiendo estas del punto de referencia o situación que se tome. Generalmente es usado como nombre genérico de los seres míticos que por lo común son dañinos para el ser humano.

Igualmente se indican que estos seres son entidades vivientes materiales, sutiles o extracorpóreas que proyectan o provendrían de las fuerzas o energías wekufes, energías que se caracterizan por su tendencia a perturbar y/o destruir el equilibrio existente el mar y la tierra; siendo las causantes de las enfermedades, destrucción, muerte y otras calamidades que sufre el Mapuche. Por ello también a los Wekufes se los suele asociar o asimilar impropiamente con el Gualicho, y/o incluso con el concepto de Daimon de los griegos u otras denominaciones que tienen esta característica similar, aunque no serían sinónimos de Wekufe

Posteriormente a la llegada de los españoles a América, al igual que con el Gualicho, los misioneros asociarían incorrectamente a los Wekufes y usarían la palabra como sinónimo del diablo, los demonios o de una fuerza del mal o diabólica; hecho que provocaría confusión y cambiaría parcialmente el concepto de Wekufe hasta la actualidad, e incluso dentro del mismo pueblo Mapuche.

Leyenda
Los mapuche cuentan en sus leyendas que los wekufes provendrían del Minchenmapu, lugar al oeste y fuera del Mapu (tierra en mapuche, aunque Mapu aquí hace referencia a la tierra conocida en la cosmovisión mapuche tradicional). Estos seres se habrían originado de las fuerzas o energías que tienen tendencia a perturbar y/o destruir el equilibrio; y a diferencia de todo ser viviente y espíritu que poseen su propia ánima, los Wekufes serían los únicos seres que no posee ánima propia.

La llegada de los wekufes al Mapu se habría producido por culpa de la antigua batalla que tuvieron los espíritus Pillanes, la cual provoco que el admapu fuera quebrado y todo el Wenumapu (mundo del bien) fuera revuelto y con ello se provocara el cese de su perfecta armonía. Aquella lucha había revuelto también al al Minchenmapu, con lo cual los wekufes y los Laftraches, que hasta entonces habían quedado confinados en el minchenmapu, pudieron escapar; por lo cual desde entonces pueder recorrer también el Mapu y habitar en el Mag Mmapu (el mundo del mal, al oeste bajo el Mapu). Entre estos Wekufes, los más conocidos serían Trelke-wekufe (el cuero), y el Canillo.

Los Wekufes y su relación con los Calcus
Se dice que muchos Wekufes permitirían ser manipulados por los Calcus (hechicero mapuche, equivalente a un brujo), para que estos los utilicen como un medio místico de obtener poder, y para ser utilizados para "enfermar" y matar a otras personas. Esta sería la razón de porque se dice que el Calcu poderozo heredaría el espíritu Wekufe de un ancestro que también fue Calcu y serían sirviente de los wekufes.

Para ser utilizado para enfermar, el Calcu haría que el Wekufe se introdujera al cuerpo del enfermo; generalmente en forma de algún pequeño fragmento de madera, de una paja o una lagartija, o directamente mediante el ataque como entidades vivientes sutiles o extracorpóreas que proyectan energía wekufe del desequilibrio.

El Wekufe y su relación con los muertos
Igualmente el Wekufe tiene el poder de adueñarse y esclavizar al pillú (ánima del muerto reciente que se resiste a alejarse de su cuerpo), mientras esta no se transforme en en espíritu alwe.(espíritu más maduro). El calcu también se aprovecharía de esta cualidad, para utilizar a su wekufe como medio para atrapar a los pillü. Al ser atrapada el pillü este sería también utilizado para hacer daño a otras personas.

Los Wekufes y su relación con otros espíritus antiguos
Los Wekufes también pueden ser enviados por los espíritus o se les permitiría hacer daño, si el Mapuche no ha realizado los gillatunes; por haberse burlado o no creído en un Machi; por ingerir comida sin haber solicitado permiso previo de caza o recolección al espíritu Ngen de la especie, sea esta animal, vegetal o mineral, y principalmente por no respetar las leyes del admapu.

Protección y cura
En la tradición Mapuche, el tener al wekufe en el cuerpo se dice en el idioma secreto o sagrado de las Machi: kalüleluuk'len ("estar en el cuerpo"). Para ser extraído el Wekufe se debe realizar la ceremonia del machitún.

Para mantener al wekufe alejado de la comunidad Mapuche, igualmente siempre se debe realizar la ceremonia del Nguillatún, "Para que Ngenechén y los Pillanes no permitan que los Wecufes actúen.

Igualmente para identificar y tener tiempo de protegerse de un Calcu que pueda estar utilizando a un Wekufe, se dice que estos generalmente estarían vestidos de un color negro compacto como único color en la vestimenta.

Otros usos de la palabra wekufe
La denominación Uecuvu Mapu o, aún mejor escrito: Wekufe Mapu, traducido frecuentemente al castellano como País del Diablo; igualmente utilizo la palabra como parte de la toponimia para señalar a ciertas zonas particularmente inhospitas del Comahue y la Patagonia, por ejemplo la desierta y fría travesía que se ubica hacia las coordenadas [mostrar el lugar en un mapa interactivo] 36°22′S 68°43′O / -36.367, -68.717 en el sureste de la provincia de Mendoza y los confines occidentales de la provincia de La Pampa, otro "Uecuvu Mapu" temido se ubicaba en las más desoladas y ventosas mesetas del centro de la Patagonia.

miércoles, 7 de enero de 2009

El Mensaje apocaliptico de la Virgen en La Salette

Todo se creerá perdido y no se verán más que homicidios; no se sentirán más que rumores de armas y blasfemias. Los justos sufrirán mucho. La Tierra será golpeada por todo tipo de plagas; habrá guerras, hasta que vendrá la última que será deseada por los diez Reyes del Anticristo.

El 19 de Septiembre de 1846, en las montañas de este pequeño pueblo cercano a Grenoble, a las 6 de la mañana se apareció la Santísima Virgen a dos pastorcitos, Melania Calvat y Maximino Giraud. Por instrucciones de la misma Virgen María, el secreto que entonces les confió debía permanecer oculto hasta 1858.

Esta es una de las apariciones más trascendentales de todos los tiempos, sobre todo porque la Virgen nos habla – con mucha anticipación, - del anticristo y de su época, que es la nuestra.

El Mensaje de La Salette (1846)
La Virgen a los niños Melania y Massimino
"Si mi pueblo no quiere someterse, estaré obligada a dejar libre la mano de mi Hijo... Si lo recogido se echa a perder, la culpa es sólo vuestra... Habrá grandes penurias. Antes de que el hambre llegue, los niños de menos de siete años serán presa de temblores y morirán en los brazos de quienes los tendrán... Los curas, ministros de mi Hijo, por su vida malvada, crucifican nuevamente a mi Hijo... Dios está a punto de castigar de forma ejemplar. ¡Ay de los habitantes de la Tierra! Dios se descargará de Su Cólera y nadie podrá sustraerse a tantos males reunidos... Dios permitirá a la antigua serpiente imponer la división entre los reinantes. Toda la sociedad y toda las familias sufrirán penas físicas y morales. Dios abandonará a sí mismos a los hombres y enviará castigos... La sociedad se encuentra en vigilia de terribles flagelos... En el año 1864 Lucifer será liberado de sus ataduras del infierno junto a un gran número de demonios y éstos abolirán la fe, incluso en las personas consagradas a Dios...

Todo se creerá perdido y no se verán más que homicidios; no se sentirán más que rumores de armas y blasfemias. Los justos sufrirán mucho. La Tierra será golpeada por todo tipo de plagas; habrá guerras, hasta que vendrá la última que será deseada por los diez Reyes del Anticristo. Estos Reyes tendrán todos un mismo fin y serán los únicos que gobernarán el mundo... Antes de que esto ocurra, habrá una falsa paz, no se pensará más que en divertirse... La naturaleza reclama venganza contra los hombres y tiembla de espanto por lo que deberá acaecer en la Tierra. ¡Tiembla Tierra! Y temblad vosotros que profesáis servir a Jesucristo.

...Será en ese tiempo cuando nacerá el Anticristo... Las estaciones cambiarán, la tierra no producirá más que frutos amargos; los astros cambiarán su movimiento regular, la Luna no reflejará más que una pálida luz rosácea. El agua y el fuego provocarán un movimiento convulsivo a la Tierra y horribles terremotos lo destruirán todo... Roma perderá la fe y se convertirá en el asiento del Anticristo... Dios cuidará a Sus servidores y a los hombres de buena voluntad; llamará a los apóstoles de los últimos tiempos y a los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en el desprecio del mundo y de sí mismos... Es tiempo de que salgan a llevar claridad a la Tierra. Id y mostraros como mis hijos dilectos. ¡Combatid, hijos de la Luz, vosotros, pequeño núcleo que ve! He aquí que llega el tiempo de los tiempos y el fin de todo...

Pero he aquí que Enoch y Elías, llenos del Espíritu de Dios, predicarán con el Espíritu de Dios, y muchos hombres de buena voluntad creerán en El y serán consolados. Ellos condenarán los errores diabólicos del Anticristo. ¡Ay de los habitantes de la Tierra! Habrá guerras sangrientas, hambre, peste y enfermedades contagiosas. Habrá lluvias y tempestades espantosas... terremotos que engullirán a las naciones. La sangre correrá por doquier...

Enoch y Eliás serán asesinados... La Roma pagana desaparecerá, el fuego caerá del Cielo sobre tres ciudades... Toda la Tierra será sacudida por el terror... El Sol se oscurecerá... He aquí la bestia con sus secuaces que se elevará con orgullo en el aire para ir hasta el Cielo. Pero será sofocada por el soplo de Miguel Arcángel... El Rey de las tinieblas caerá... y entonces, el agua y el fuego purificarán la Tierra... Todo será renovado... Hijos míos, vosotros haréis conocer esto a todo mi pueblo".

Portales a otra Dimension

Son infinitas las razones por las cuales muchas personas desaparecen y nunca son encontradas, desde asesinatos hasta abducciones extraterrestres, pero existen otras causas que rara vez se tienen en cuenta como posibilidad, y son las que comúnmente se denominan “puertas dimensionales”, que no son mas que agujeros o circuitos atemporales que pueden estar localizados en cualquier parte de la naturaleza.

Muchos aseguran que son creados por fuerzas magnéticas que se han condicionado a un determinado lugar y que tienen la característica principal de ser un vehículo, que en el mejor de los casos, te puede transportar a un lugar diferente y en el peor de ellos a tener una fuerza gravitatoria tan alta que de inmediato te fulminaría.

Uno de los casos mas curioso e impactante es el que sucedió en un pequeña localidad de islas Canarias, España, llamado Barranco de Badajoz.

Nos remontamos al año 1905. Se cuenta que los padres de una niña enviaron a su hija al barranco en busca de frutas pero ésta desapareció y no volvió a su casa. La zona fue rastreada completamente por vecinos y amigos de los padres, los cuáles desesperados buscaban a su hija sin encontrarla por ningún lado. Finalmente, desanimados, la dieron por desaparecida.Varios años más tarde, 1958 para ser especificos, la niña regresó a su casa, asombrosamente con el mismo aspecto que tenía al marcharse aquel día a buscar frutas, como si los años no hubieran transcurrido para ella. La niña contó a los atónitos lugareños que había llegado al barranco buscando las frutas que sus padres le habían encargado, que recogió las peras y fue camino a su casa. Ella pensaba que sólo habían pasado unas horas, sin embargo habían pasado más de 50 años.

La busqueda de la inmortalidad

La inmortalidad es el concepto de existir infinitamente, o con una duración indeterminada de tiempo. A través de la historia, los humanos han tenido el deseo de vivir para siempre. De qué forma un ser puede vivir un interminable o indefinido tiempo, o si esto es posible, es un asunto de muchas especulaciones, fantasías, y debates.



En culturas primitivas la sangre de animales siempre ha sido el portador de sus cualidades, por eso beberla las transfería al hombre. Así que beber la sangre (o comerse) a un hombre equivalía a absorber su "energía vital", que se añadía a la propia para prolongar la vida. De ahí el mito hace a los vampiros sedientos de sangre para permitirles vivir eternamente. Con el progreso de la civilización esta práctica evolucionó; al conocerse la función del hígado como órgano purificador de la sangre, parecía obvio que era él el que regeneraba la vida del individuo; así encontramos a este órgano como protagonista en la mayoría de los menús caníbales y de las recetas para prolongar la vida.

La condesa Isabel Bathory, de la nobleza rumana, tenía su propio método para vivir eternamente, y este era el de bañarse en la sangre de los campesinos que contrataba como sirvientes. Cuando ya no encontraba "voluntarios" los secuestraba.

Como en una novela de terror esta macabra práctica termina cuando su primo, el conde de Cyorgy Tharzo, al mando de un destacamento de soldados, prende a la condesa en su castillo de Csjthes la noche del 30 de Diciembre de 1610.

Al entrar al gran salón descubre horrorizado el cadáver de una muchacha desangrada , a otra aún viva con su cuerpo lleno de miles de punciones y a una tercera ya moribunda con huellas de haber sufrido terribles torturas. Bajo el castillo y en sus alrededores se desenterraron cientos de cadáveres.
Elizabeth Bathory

Pero no todas las historias de la búsqueda de la inmortalidad son truculentas. El aliento también ha sido considerado sinónimo de vida, se pensaba que con el último aliento se expulsaba el alma, y además el aliento divino daba vida. Por eso en la época romana, y según cuenta una inscripción de entonces en mármol, Claudio Hermippus aseguraba haber prolongado su vida hasta los 115 años gracias a aspirar de forma continuada el aliento de jovencitas.
Cuanto más pasaba el tiempo más cuenta se daba el hombre que los métodos que había ido probando eran inútiles y que ninguno permitía prolongar la vida, así cada vez los sistemas eran más pintorescos y extravagantes, ora se necesitaba ingerir extraños elixires con componentes exóticos (cuerno de unicornio, mandragora, etc.) y difíciles de conseguir, ora seguir procesos escabrosos...

El conde Cagliostro, noble nacido en Palermo en 1743, tenía una técnica "infalible" para regenerar el cuerpo y poder vivir más. La técnica intentaba reproducir el proceso sufrido por los gusanos que se envolvían en su capullo de seda y renacían como mariposas, y si ellas podían hacerlo, nosotros también. Por eso su método consistía en desnudarse y tumbarse en una cama, envolver en una manta al individuo y dejarlo reposar durante un mes alimentándolo sólo con caldo de pollo. Cagliostro aseguraba que pasados unos días el individuo empezaba a perder el pelo y a caérsele los dientes hasta llegar a un estado de debilidad extremo, a partir del que se empezaría un proceso regenerativo que devolvería al infeliz sus dientes y pelo junto con la juventud. La ciencia corrobora la primera parte del experimento, la acción del escorbuto y la falta de ingestión de vitamina C haría que el individuo perdiera rápidamente el pelo y los dientes, sin embargo el resto del experimento no llegaría nunca a buen fin, y nadie más volvió a proponer tal barbaridad.

Otros métodos también quisieran imitar a la naturaleza, intentando partir de cero para "nacer de nuevo". Cuenta la historia que en Toledo, allá por el año 1434, vivía Don Enrique de Villena, escritor y nigromante, que sintiendo cerca la hora de su muerte llamó a su criado negro en el que confiaba plenamente y le dio las siguientes instrucciones: que nada más morir le descuartizara minuciosamente y metiera sus restos en una cuba preparada con una extraña pócima, la cuba se hallaba escondida entre un montón de estiércol que daría calor al preparado. Y para que nadie notara su ausencia el criado llevaría el sombrero de su amo durante los nueve meses que duraba el experimento, con él el criado adquiriría el aspecto de su amo y nadie notaría su muerte. Y así fue, y el criado se paseó por Toledo con el sombrero durante meses y todos creían ver al amo, pero cierto día se encontró de bruces con una procesión del viático a la que no pudo esquivar, y mientras pasaba el sacerdote con los santos óleos todos se iban descubriendo, menos el criado. Pero un vecino indignado por la irreverencia le quitó el sombrero y entonces todos vieron de nuevo al criado negro. Fue conducido ante el Santo Oficio acusado de brujería y de matar a su señor, ante lo que no tuvo más que confesar lo ocurrido y conducir a la Santa Hermandad hasta el estercolero en el que se escondía la cuba. Estos, convencidos que allí obraba más el diablo que Dios, rompieron la cuba y se derramó sobre el suelo un líquido viscoso en el que flotaba lo que parecía un feto de pocos meses.

Muy parecida historia se cuenta de un brujo de Gottinga durante el siglo XVIII llamado Johannes de Philadelphia, conocido entre la nobleza por sus trucos de magia y encantamientos. Murió en 1777 rodeado de misterio y se encontró en un tonel que se abrió a destiempo en el que habían metido sus restos un embrión humano a medio desarrollar.

La pócima que se metió en estos toneles sigue siendo un misterio, pero casos similares de extraños elixires se encuentras diseminados por toda la Historia. Un tratado atribuido a Paracelso titulado "De Tinctura Physicorum" (la tintura de los físicos) que data de 1570, habla de una extraña pintura con la que los médicos egipcios habrían vivido hasta 150 años. Si bien es cierto que en la edad media comienzan a venderse elixires milagrosos de manera ambulante por todos los rincones de Europa, también es la época en la que la alquimia florece para transformarse más tarde en química. La alquimia tuvo dos metas principales: la piedra filosofal con la de convertir los metales en oro y la búsqueda del elixir de la vida.

Salomón Trimosín fue un alquimista Europeo nacido en 1490, aunque no se sabe cuándo murió. De él se cuenta que vivió más de cien años gracias a su elixir, que le habría rejuvenecido varias veces regenerando sus cabellos, enderezando su columna y limpiando de arrugas su cara. Cuando se le preguntó que cuánto pensaba vivir contestó que hasta el Día del Juicio Final. Eran corrientes por el siglo XVI y XVII las historias de rejuvenecimientos súbitos entre los alquimistas y las prolongaciones antinaturales de sus vidas, todo gracias al llamado oro potable o elixir de la larga vida, que sería la disolución de la Piedra Filosofal en agua destilada, capaz de eliminar de manera selectiva el agua pesada de los tejidos haciendo que estos no envejecieran. Consumiendo una gota del elixir cada seis meses se provocaría la eliminación de todas las toxinas del cuerpo, luego se caerían la uñas, dientes y cabellos que más tarde se recuperarían como nuevos, al cabo del tiempo se iría perdiendo la necesidad de comer y la de evacuar, siendo suficiente la transpiración para eliminar líquidos. Esa sería la causa de que se supiera la fecha de nacimiento de muchos alquimistas pero no la de su muerte, como ocurre con la del francés del siglo XV Jean Lallemant.

El alquimista más conocido fue el célebre Saint Germain, que empezó sus andanzas por este mundo en el siglo XVIII. Voltaire escribía sobre él a Federico II de Prusia que era un "hombre que nunca muere y conoce todas las cosas". Su primera aparición histórica data de 1743 en Londres, donde empezaron a correr rumores de que era mucho más viejo de lo que aparentaba.

Como era conde se codeaba con la nobleza y hablaba de hechos históricos de siglos pasados con tal cantidad de datos y detalles que parecía haber sido testigo ocular, de hecho decía haber conocido a Julio César y a Poncio Pilatos.

Se cuentan diversas anécdotas suyas, una de ellas habla del encuentro en casa de Madame Pompadour con la condesa Gerhy cierto día de 1750, la cual había estado 50 años antes en Venecia cuando su marido era embajador de dicha República. La condesa se acercó a Saint Germain y le preguntó:
Conde de Saint Germain

- Caballero, ¿tendríais la bondad de decirme si vuestro padre residía en Venecia en 1700?
- No señora -respondió el conde- pues hace mucho más tiempo que perdí a mi padre. Era yo quien vivía en Venecia a finales del siglo pasado y a comienzos del presente. Tuve entonces el honor de haceros la corte y vos tuvisteis la bondad de elogiar algunas barcarolas compuestas por mí y que cantábamos juntos.
- Perdonad mi franqueza, pero eso no es posible. El conde Saint Germain de entonces tenía 45 años y vos no representáis más edad en estos momentos.
- Señora, -contestó esbozando una sonrisa- soy mucho más viejo de lo que suponéis.
- Según esa cuenta, deberías tener más de 100 años.
- Es posible que los rebase...

Los que conocieron al conde notaron que nunca aparecía cansado, que jamás se le veía comer ni beber a pesar de los innumerables banquetes a los que asistió y nunca se interesó sexualmente por las mujeres. La fecha oficial de su muerte es la de 1784, en el castillo de Landgrave de Carlos de Hesse-Cassel, y en ausencia de éste. Muchos dicen no tener pruebas de su fallecimiento. A partir de esa fecha se asegura haberle visto en distintos lugares y en diversas épocas: 1785 en Rusia, 1792 en París, en 1867 en una reunión de la Gran Logia en Milán, en 1896 la teósofa Annie Besant dijo haberse encontrado con él, y en muchos más lugares y fechas hasta bien entrado nuestro siglo. En Viena existe el testimonio del rosacruz Franz Gräffer; el conde anunció su despedida así: "Hacia final de siglo desapareceré de Europa, iré a la región del Himalaya, reposaré... Me volverán a ver dentro de 85 años, día a día. Adiós, os quiero."

Otros volvían al cabo de 100 o 300 años después de haber estado "hibernando" o "durmiendo" en alguna parte de este u otro mundo. Son multitud las leyendas populares que hablan de personas que desaparecieron, se perdieron o fueron raptadas para luego aparecer de nuevo tras muchos años como si para ellos hubieran transcurrido sólo unas horas. Se habla de zonas en las que el espacio-tiempo está alterado, de modo que cuando alguien pasa por allí permanece en un estado de adormecimiento o "sueño encantado" gracias a veces a una comida o bebida, algunos al volver al tiempo normal sufren en un momento los estragos de la edad que se saltaron.

Es célebre la historia de los "siete durmientes de Éfeso", que se refugiaron en una cueva huyendo del edicto que proclamó contra los cristianos el emperador romano Decio en el siglo III. Sin que ellos se percataran estuvieron allí 187 años, cuando salieron al exterior apenas les duró la alegría unas semanas, fueron muriendo uno a uno presas de un súbito envejecimiento. Un caso más reciente lo encontramos en la historia que cuentan los tinerfeños de San Juan: una niña salió a buscar peras y entró en una cueva en la que quedó dormida. Cuando despertó y salió al exterior habían pasado 30 años, aunque ella conservaba el mismo aspecto y edad que cuando desapareció.

Todas estas búsquedas de la juventud han marcado a la humanidad desde el comienzo. Lo intentaron los egipcios momificando a sus muertos, fue y es usado por multitud de credos para sus propios fines, cuando los exploradores españoles se aventuraban en el continente americano buscaron hasta morir el Dorado y la Fuente de la eterna Juventud. Con la llegada de la ciencia se empezó a buscar una solución más modesta que vivir siempre, y era la de retrasar la muerte o aparentar juventud, así nacieron los cosméticos y progresó la medicina moderna. ¿Está ahora más cerca el Hombre de conseguir su sueño?, es cierto que la esperanza de vida actual es la más alta de la historia, y si para la antigua Grecia un hombre de 40 años ya era viejo ahora podemos esperar vivir hasta los 90. ¿Dónde está el límite? En recientes experimentos con monos se ha observado que si no se fuma ni bebe en exceso, si se hace ejercicio y si se sigue una dieta variada pero espartana (comer un 30% menos de calorías de lo normal) alarga la vida hasta un 40%. También la genética puede ayudar a la humanidad a vivir más y mejor; el gen SOD1 es que el que regula la eliminación de los radicales libres que oxidan nuestro organismo y le hacen envejecer, así una alteración genética que añada otro gen SOD1 alarga la vida hasta un 40%, al menos así ocurrió con los animales de laboratorio. Otro camino que busca alargar la vida consiste en retrasar la edad en la que se tengan hijos, puesto que lo que "busca" la naturaleza es perpetuar los genes de cada individuo, y una vez que por la edad ya no se puede procrear, el ser ya no necesita vivir, si se tienen hijos un poco más tarde en cada generación, según las modernas teorías genetistas, cada vez se vivirá más.

Adolf Hitler y la Lanza de Longinos

La lanza sagrada que atravesó el costado de Cristo en su crucifixión llegó a las manos de los guerreros teutónicos, quienes la convirtieron en su talismán. En el siglo XX, Hitler, que conocía su significado místico, se apoderó de ella.




Según la tradición, en ese momento le fue revelado al soldado (que se llamaba Cayo Casio Longinos) que Cristo era verdaderamente el hijo de Dios, y la lanza adquirió un duradero poder mágico.
Un soldado romano se asegura de que Cristo ha muerto clavándole una lanza.

En 1913, por las calles de Viena, un miserable ex estudiante de arte intentaba en vano ganarse la vida vendiendo pequeñas acuarelas. Ocasionalmente, cuando el frío le impedía salir a la calle, vagaba por los corredores del museo del palacio Hofburg. Se sentía especialmente fascinado por un conjunto de piezas valiosas, conocidas como «las insignias de los Habsburgo». Entre ellas el joven vagabundo Adolf Hitler prestaba especial atención a la Santa Lanza, que la leyenda identifica con la que atravesó el costado de Cristo después que éste expirara en la Cruz.

La leyenda de la Santa Lanza se origina en el Evangelio según San Juan, 19: 33-37:

... pero llegando a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó con su lanza el costado y al instante salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero; él sabe que dice verdad para que vosotros creáis; porque esto sucedió para que se cumpliese la Escritura: «No romperéis ni uno de sus huesos». Y otra Escritura dice también: «Mirarán al que traspasaron». El versículo siguiente cuenta cómo José de Arimatea obtuvo permiso para llevarse el cuerpo de Jesús y, ayudado por Nicodemo, lo colocó en una tumba en la noche de viernes santo.

Otras tradiciones orales y escritas, que comenzaron con los primeros cristianos y continuaron en la Edad Media, aseguran que el rico judío José de Arimatea se preocupó de preservar la cruz, los clavos, la corona de espinas y el sudario del que Cristo se levantó al tercer día. Por medio de las claves que dejó José, Helena, la madre del primer emperador cristiano, Constantino, pudo redescubrir estas reliquias.

Pero, según las mismas tradiciones, José había empezado su colección antes de la muerte de Cristo: después de la última cena, guardó la copa en la que Jesús había consagrado el pan y el vino. Después de la Resurrección, José conservó la copa junto con la lanza citada en el Evangelio: fueron llamados, respectivamente, el Santo Grial y la Santa Lanza.

Los viajes posteriores de José con el Grial y la Lanza fueron tema de relatos folklóricos y leyendas en casi todos los países de Europa. En España, en la catedral de Valencia se conserva uno de los «Santos Griales» mejor documentados: se dice que los primeros papas lo habían utilizado en Roma (adonde lo habría llevado San Pedro) hasta el año 258, en que fue enviado por San Lorenzo a Huesca, para rescatarlo de la persecución imperial. Posteriormente estuvo en San Juan de la Peña y en Zaragoza. Pero ésta es sólo una de las muchas historias en torno al Grial.

Los escritores medievales, comenzando por el poeta francés Chrétien de Troyes alrededor de 1180, vincularon el destino del Santo Grial y de la Santa Lanza con la aventura del Rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda, sobre todo con Lanzarote, Gawain y Perceval.

Paralelamente a estas historias -basadas en tradiciones celtas y en fragmentos de hechos históricos- subsistía la historia de que la Lanza, por lo menos, había sobrevivido a los siglos, pasando a veces a buenas manos, a veces a otras menos dignas. Quien la poseía adquiría un poder que podía ser usado para el bien o para el mal.

A principios de este siglo existían por lo menos cuatro «Santas Lanzas» en Europa. Quizá la más conocida fuera la que se conservaba en el Vaticano, aunque la Iglesia Católica parecía considerarla sólo una curiosidad. Ciertamente, las autoridades papales nunca le atribuyeron poderes sobrenaturales.

Una segunda lanza estaba en París, adonde había sido llevada por San Luis en el siglo XIII, cuando volvió de la cruzada a Palestina.

Otra, conservada en Cracovia (Polonia), era sólo una copia de la lanza de los Habsburgo. Ésta es, posiblemente, la que posee una genealogía mejor. Fue descubierta en Antioquía, en 1098, durante la primera cruzada, pero el misterio -y posiblemente la imaginación oscurecieron las circunstancias del hallazgo. Los cruzados habían sitiado con éxito la ciudad y la habían ocupado, cuando una banda de sarracenos fuertemente armada llegó e invirtió la situación, encerrando a los cruzados dentro de las murallas de la ciudad. Tres semanas después la comida y el agua escaseaban, y la rendición parecía el único camino. Entonces, un sacerdote dijo haber tenido una visión milagrosa de la Santa Lanza, enterrada en la iglesia de San Pedro. Cuando las excavaciones en ese sitio revelaron la presencia de una lanza de hierro, los cruzados se sintieron llenos de un renovado ardor y rompieron el cerco, derrotando a sus enemigos.


Según la tradición, en ese momento le fue revelado al soldado (que se llamaba Cayo Casio Longinos) que Cristo era verdaderamente el hijo de Dios, y la lanza adquirió un duradero poder mágico.
Un soldado romano se asegura de que Cristo ha muerto clavándole una lanza.

En 1913, por las calles de Viena, un miserable ex estudiante de arte intentaba en vano ganarse la vida vendiendo pequeñas acuarelas. Ocasionalmente, cuando el frío le impedía salir a la calle, vagaba por los corredores del museo del palacio Hofburg. Se sentía especialmente fascinado por un conjunto de piezas valiosas, conocidas como «las insignias de los Habsburgo». Entre ellas el joven vagabundo Adolf Hitler prestaba especial atención a la Santa Lanza, que la leyenda identifica con la que atravesó el costado de Cristo después que éste expirara en la Cruz.

La leyenda de la Santa Lanza se origina en el Evangelio según San Juan, 19: 33-37:

... pero llegando a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó con su lanza el costado y al instante salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero; él sabe que dice verdad para que vosotros creáis; porque esto sucedió para que se cumpliese la Escritura: «No romperéis ni uno de sus huesos». Y otra Escritura dice también: «Mirarán al que traspasaron». El versículo siguiente cuenta cómo José de Arimatea obtuvo permiso para llevarse el cuerpo de Jesús y, ayudado por Nicodemo, lo colocó en una tumba en la noche de viernes santo.

Otras tradiciones orales y escritas, que comenzaron con los primeros cristianos y continuaron en la Edad Media, aseguran que el rico judío José de Arimatea se preocupó de preservar la cruz, los clavos, la corona de espinas y el sudario del que Cristo se levantó al tercer día. Por medio de las claves que dejó José, Helena, la madre del primer emperador cristiano, Constantino, pudo redescubrir estas reliquias.

Pero, según las mismas tradiciones, José había empezado su colección antes de la muerte de Cristo: después de la última cena, guardó la copa en la que Jesús había consagrado el pan y el vino. Después de la Resurrección, José conservó la copa junto con la lanza citada en el Evangelio: fueron llamados, respectivamente, el Santo Grial y la Santa Lanza.

Los viajes posteriores de José con el Grial y la Lanza fueron tema de relatos folklóricos y leyendas en casi todos los países de Europa. En España, en la catedral de Valencia se conserva uno de los «Santos Griales» mejor documentados: se dice que los primeros papas lo habían utilizado en Roma (adonde lo habría llevado San Pedro) hasta el año 258, en que fue enviado por San Lorenzo a Huesca, para rescatarlo de la persecución imperial. Posteriormente estuvo en San Juan de la Peña y en Zaragoza. Pero ésta es sólo una de las muchas historias en torno al Grial.

Los escritores medievales, comenzando por el poeta francés Chrétien de Troyes alrededor de 1180, vincularon el destino del Santo Grial y de la Santa Lanza con la aventura del Rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda, sobre todo con Lanzarote, Gawain y Perceval.

Paralelamente a estas historias -basadas en tradiciones celtas y en fragmentos de hechos históricos- subsistía la historia de que la Lanza, por lo menos, había sobrevivido a los siglos, pasando a veces a buenas manos, a veces a otras menos dignas. Quien la poseía adquiría un poder que podía ser usado para el bien o para el mal.

A principios de este siglo existían por lo menos cuatro «Santas Lanzas» en Europa. Quizá la más conocida fuera la que se conservaba en el Vaticano, aunque la Iglesia Católica parecía considerarla sólo una curiosidad. Ciertamente, las autoridades papales nunca le atribuyeron poderes sobrenaturales.

Una segunda lanza estaba en París, adonde había sido llevada por San Luis en el siglo XIII, cuando volvió de la cruzada a Palestina.

Otra, conservada en Cracovia (Polonia), era sólo una copia de la lanza de los Habsburgo. Ésta es, posiblemente, la que posee una genealogía mejor. Fue descubierta en Antioquía, en 1098, durante la primera cruzada, pero el misterio -y posiblemente la imaginación oscurecieron las circunstancias del hallazgo. Los cruzados habían sitiado con éxito la ciudad y la habían ocupado, cuando una banda de sarracenos fuertemente armada llegó e invirtió la situación, encerrando a los cruzados dentro de las murallas de la ciudad. Tres semanas después la comida y el agua escaseaban, y la rendición parecía el único camino. Entonces, un sacerdote dijo haber tenido una visión milagrosa de la Santa Lanza, enterrada en la iglesia de San Pedro. Cuando las excavaciones en ese sitio revelaron la presencia de una lanza de hierro, los cruzados se sintieron llenos de un renovado ardor y rompieron el cerco, derrotando a sus enemigos.

La hoja de la lanza de los Habsburgo, la que según parece atravesó el costado de Cristo crucificado. Al tratarse de una reliquia sagrada, la hoja de hierro fue reparada varias veces con plata y oro durante su larga historia. Ahora la mantienen unida un alambre y una funda con inscripciones.

Las tradiciones germánicas, que no coinciden demasiado con esas fechas, afirman que la lanza de los Habsburgo fue llevada como talismán por Carlomagno, en el siglo IX, durante 47 campañas victoriosas. También le había conferido poderes de clarividencia. Carlomagno murió cuando la dejó caer accidentalmente.

La lanza pasó a manos de Heinrich el Cazador, quien fundó la casa real de Sajonia y empujó a los polacos hacia el este... una prefiguración de su propio destino, pudo haber pensado luego Hitler. Después de pasar por las manos de cinco monarcas sajones, llegó a manos de los Hohenstauffen de Suabia, que les sucedieron. Un destacado miembro de esta dinastía fue Federico Barbarroja, nacido en 1123. Antes de morir, 67 años más tarde, Barbarroja conquistó Italia y obligó al Papa a exiliarse; de nuevo, Hitler bien pudo haber admirado la dureza brutal de aquel personaje, combinada con una personalidad carismática que fue la clave de su éxito. Pero, al igual que Carlomagno, Barbarroja cometió el error de dejar caer la lanza mientras vadeaba un arroyo en Sicilia. Murió pocos minutos después.


La Fascinación De La Lanza

Aquí la hechicera Kundry, redimida de una vida dedicada al mal, muere, mientras Parsifal rescata al Santo Grial de su santuario. También sostiene la Santa Lanza que, tras haber servido al mal en manos del mago Klingsor, se convierte en instrumento del bien.

La escena final de Parsifal, la última ópera de Wagner. A Hitler le fascinaba la leyenda en que se basa la ópera.

Ésta era la leyenda del arma que tanto fascinaba al joven Hitler. Durante su primera visita a la lanza la estudió con todo detalle. Medía 30 cm de longitud, y terminaba en una punta delgada, en forma de hoja; en algún momento, el filo había sido ahuecado para admitir un clavo -al parecer, uno de los usados en la crucifixión-. El clavo estaba sujeto con un hilo de oro. La lanza se había partido y las dos partes estaban unidas por una vaina de plata; dos cruces de oro habían sido incrustadas en la base, cerca del puño.

Estos detalles que describen la fascinación de Hitler ante la lanza de los Habsburgo provienen del testimonio del doctor Walter Johannes Stein, matemático, economista y ocultista que afirmaba haber conocido al futuro Führer justo antes de la guerra del 14. Stein, que había nacido en Viena en 1891, era hijo de un rico abogado. Sería un erudito y un aventurero intelectual hasta su muerte, en 1957. Se licenció en ciencias y se doctoró en investigaciones psicofísicas por la Universidad de Viena. Luego se convirtió en experto en arqueología, arte bizantino primitivo e historia medieval; durante la primera guerra mundial, como oficial del ejército austríaco, fue condecorado por su valor.

En 1928 publicó un excéntrico panfleto, Historia del mundo a la luz del Santo Grial, que circuló por Alemania, Holanda y Gran Bretaña. Cinco años después, el Reichsführer Heinrich Himmler ordenó que se obligara a Stein a trabajar en el «Buró ocultista» de los nazis, pero Stein huyó a Gran Bretaña. La segunda guerra mundial le sorprendió trabajando como agente del espionaje británico. Después de colaborar en la obtención de los planes de la «Operación Sealion» -la invasión de Inglaterra que proyectaba Hitler- fue consejero de Churchill, como asesor sobre las creencias ocultistas del líder alemán.

Stein nunca publicó sus memorias, pero antes de morir se hizo amigo de un ex oficial de comandos de Sandhurst, ahora periodista, Trevor Ravenscroft. Usando las notas y las conversaciones de Stein, Ravenscroft publicó en 1972 el libro Spear of Destiny (La lanza del destino) que por primera vez llamó la atención del público sobre la fascinación que sentía Hitler por la lanza de los Habsburgo.

¿Qué atractivo podía ofrecer la Santa Lanza, un símbolo cristiano, para el ex católico y violentamente anticristiano Adolf Hitler? Ya se había entregado a violentos desvaríos antisemitas, era un devoto discípulo del Anticristo de Nietzsche y sostenía su condena del cristianismo como «la última consecuencia del judaísmo».

Parte de la respuesta se encuentra en una tradición ocultista medieval vinculada con la historia de la Santa Lanza. Como cuenta el evangelio de San Juan, el soldado romano que hirió el cuerpo de Cristo cumplió, sin saberlo, las profecías del Antiguo Testamento (los huesos de Cristo no serían rotos). Si no hubiese hecho lo que hizo, el destino de la humanidad habría sido diferente. Según San Mateo y San Marcos, la verdadera naturaleza de Cristo fue revelada en ese momento al soldado, que se llamaba Cayo Casio Longinos: «Viendo el centurión que estaba frente a Él de qué manera expiraba, dijo: Verdaderamente este hombre era hijo de Dios». (San Marcos, 15:39)

Para la mentalidad ocultista, un instrumento usado para un propósito tan importante se transforma en un foco de poder mágico. Y, como dice suscintamente Richard Cavendish, hablando del Grial y la Lanza en su libro El rey Arturo y el Grial:

Una cosa no es sagrada porque es buena. Es sagrada porque contiene un poder misterioso y terrible. Es tan poderosa para el bien o el mal como una fuerte descarga eléctrica. Si es mal usada, por importantes y comprensibles que sean las razones, las consecuencias pueden ser catastróficas para personas totalmente inocentes.

La entrada triunfal de Hitler en Viena, en marzo de 1938. El Führer ordenó trasladar a Alemania el tesoro de los Habsburgo, incluida la Santa Lanza.

Según Stein, Hitler tenía conciencia de este concepto ya en 1912; de hecho, fue la obsesión de Hitler por la lanza y su poder de «varita mágica» el motivo de que los dos hombres de conocieran. En el verano de 1912, el doctor Stein compró una edición de Parsival, romance sobre el Grial del poeta alemán del siglo XIII Wolfram von Eschenbach, a un librero ocultista de Viena. Estaba llena de comentarios manuscritos en los márgenes, que mostraban una combinación de sabiduría ocultista y racismo patológico. En las guardas, su anterior propietario había anotado su nombre: Adolf Hitler.

A través del librero, Stein encontró a Hitler y pasó muchas horas con él, horrorizado pero fascinado. Aunque pasarían años antes de que el mísero pintor de cromos diera los primeros pasos por el camino del poder, poseía ya un carisma maligno. A través de su tortuoso discurso, una obsesión destacaba claramente: tenía un destino místico que cumplir y, según Stein, la lanza era la clave.

Hitler describió a Stein cómo había adquirido la lanza su especial significado para él:

Lentamente me apercibí de una presencia poderosa que la rodeaba, la misma impresionante presencia que había experimentado interiormente en esas ocasiones únicas de mi vida en que había sentido que un gran destino me aguardaba... una ventana en el futuro que se abría, a través de la cual veía, en un relámpago de iluminación, un hecho futuro, en función del cual sabía, más allá de toda contradicción, que la sangre de mis venas se transformaría algún día en el vehículo del espíritu de mi pueblo.

Hitler nunca reveló la naturaleza de su «visión», pero Stein creía que se había visto a sí mismo un cuarto de siglo después en la Heldenplatz, frente al palacio Hofburg, dirigiéndose a los nazis austríacos y a los desconcertados ciudadanos vieneses. Allí, el 14 de marzo de 1938, el Führer alemán anunciaría su anexión de Austria al Reich alemán... y daría la orden de llevar los atributos de los Habsburgo a Nüremberg, hogar espiritual del movimiento nazi.


Una Curiosa Primacía
En las ruinas de la ciudad semidestciada se halló, entre otros objetos, la Santa Lanza en una bóveda subterránea a prueba de bombas.

La arena de Luitpold, en Nüremberg, escena de los más espectaculares mítines nazis de la preguerra, presenció el desfile informal de los soldados americanos victoriosos en abril de 1945.

La toma de posesión del tesoro constituyó un gesto de benevolencia sorprendente, considerando que Hitler despreciaba a la casa de Habsburgo, a la que consideraba traidora a la raza germánica. Sin embargo, el 13 de octubre, la lanza y otros objetos fueron cargados en un tren blindado provisto de una guardia de SS, y cruzaron la frontera alemana. Fueron instalados en el vestíbulo de la iglesia de Santa Catalina, donde Hitler pensaba instalar un museo de guerra nazi. Stein creía que, cuando Hitler tuviera la lanza en su poder, sus ambiciones latentes de conquista empezarían a crecer y florecer.

Si los conocimientos de Hitler sobre la historia de la lanza eran tan amplios como decía Stein, tiene que haber estado al tanto de las leyendas sobre el destino de Carlomagno, Barbarroja y todos cuantos la habían blandido como un arma y habían perecido cuando escapó a su control. La leyenda parece haber sido confirmada por una inquietante coincidencia que marcó el final de su conexión con la Lanza.

Después de los intensos bombardeos aliados de octubre de 1944, durante los cuales Nüremberg sufrió enormes daños, Hitler ordenó que la lanza, junto con el resto del tesoro de los Habsburgo, fuera enterrada en una bóveda construida especialmente. Seis meses después, el Séptimo Ejército norteamericano había rodeado la antigua ciudad, defendida por 22.000 SS, 100 panzers y 22 regimientos de artillería. Durante cuatro días, la veterana división Thunderbird martilleó a estas formidables defensas hasta que el 20 de abril de 1945 -el día en que Hitler cumplía 56 años- la bandera americana victoriosa fue izada sobre las ruinas.

Durante los días siguientes, mientras las tropas norteamericanas localizaban a los supervivientes nazis y comenzaba el largo proceso de los interrogatorios, la Compañía C del Tercer regimiento del Gobierno Militar, al mando del teniente William Horn, era enviada en busca del tesoro de los Habsburgo. Por casualidad, un proyectil había facilitado su tarea, volando una pared de ladrillo y dejando a la vista la entrada de la bóveda. Después de algunas dificultades con las puertas de acero de la misma, el teniente Horn entró en la cámara subterránea y echó una ojeada a la polvorienta oscuridad. Allí, sobre un lecho de descolorido terciopelo rojo, estaba la fabulosa lanza de Longinos. El teniente Horn extendió la mano y tomó posesión de la lanza en nombre del gobierno de los Estados Unidos. La fecha, 30 de abril de 1945, está registrada en los textos de historia.

Y, por escépticos que sean los críticos -acerca de Walter Stein, el ocultismo en general y las leyendas de la Santa Lanza en particular- también es un hecho histórico que a unos cientos de kilómetros de distancia, en un bunker de Berlín, Adolf Hitler eligió esa tarde para coger una pistola y quitarse la vida.

Tipos de Extraterrestres

Cuando examinamos la extraordinaria gama de especies existentes sólo en nuestro medio ambiente y reconocemos que no somos más que un fragmento de toda la vida existente en el Cosmos, podemos aceptar que los seres de otros mundos pueden tener múltiples formas.

Aparentemente la raza humanoide parece ser la que predomina en otros planetas semejantes a la Tierra, deducción que encontramos de las observaciones de contactos con los tripulantes de los ovnis.

En los casos de abducciones, los testigos son a menudo sometidos a un examen médico, con análisis de sangre incluido, luego del cual se les somete a un bloqueo memoria para que olviden la experiencia. Mediante hipnosis regresiva, algunos casos salen a la luz. Cuando los recuerdos se recuperan los testigos describen seres como los que se representan a continuación.

1-Grises

Grises.- Estos son los alienígenas mas conocidos, existen al menos 3 tipos diferentes: los de aproximadamente 1,5 m de estatura, que son los más numerosos, provienen del sistema estelar binario Zeta 2 de la constelación del Reticulo o Reticuli. Los que miden alrededor de 2,20 m provienen de Orión, y los de 1 m de altura provienen de un sistema estelar cerca de Orión, llamado Bellatrax.

Sus características físicas entre ellos son similares, piel grisácea, cabeza grande con forma de “pera” invertida, sin pelos, ojos grandes y negros, boca pequeña sin labios, casi no tienen nariz, orejas sin pabellón auricular, su cuerpo es delgado, sus brazos y dedos muy largos, se reproducen por clonación ya que su sistema reproductor ha sido dañado presumiblemente por radiaciones nocivas.

Estos seres no tienen buenas intenciones con los humanos, son los responsables de las abducciones, parece que intentan cruzar su raza con la raza humana para crear una raza híbrida, que sería mejor que cualquiera de las dos o quizás estén intentando reparar sus daños físicos sirviéndose de los órganos, sustancias, o genes humanos.

Los grises son una raza también muy inteligente, por ello van ganando terreno en su deseo de control a la raza humana a través del convenio que tiene con los Estados Unidos y quizás otras potencias, ellos otorgan su tecnología, a cambio de vidas humanas, y la instalación de sus bases en los territorios que ciertos países les conceden. En EEUU, tienen bases ubicadas en Nuevo México y Nevada, una de ellas es el Area 51.

2-Humanoides o Nordicos

Humanoides.- Estos seres son casi idénticos a nosotros los humanos, pueden pasar desapercibidos entre nosotros, sus características son: piel blanca, pálida o colorada, ojos claros, cabello rubio mayormente largo, contextura atlética, su estatura varia, se han presentado casos de seres humanoides de 1 m, los mas pequeños, 1,70 hasta 2 m los de una talla normal, y otros mucho mas altos, de 2,5 m de altura, 3 m hasta de 4 m los mas gigantescos.

Estas razas son altamente evolucionadas espiritual y tecnológicamente. Mayormente son benévolos con los humanos. Se han presentado muchísimos casos de personas que han visto e incluso contactado con este tipo de seres. Provienen de distintos puntos de la galaxia, e inclusive de otras galaxias y de otros universos. Como las Pléyades, de Sirio, de Proción, de Géminis, de Alfa Centauro, de Arturo, de Vega. Estos seres cooperan arduamente en la evolución espiritual de la raza humana. Los pleyadianos serían los aportadores de sus genes para la creación de la raza humana.

3-Reptilianos o Draconianos

Reptiloides.- Los reptiloides son seres híbridos mezcla de humanos y reptiles, son famosos porque se les ha representado en libros, revistas, series y películas, son claramente asociados con actividades malignas, ya sea invasión, cosecha de seres humanos o de animales para alimentarse o devastación de los recursos.

Una genética relacionada con los reptiles, éstos son seres altamente avanzados pero vistos como de una disposición negativa, hostil y peligrosa, puesto que consideran a los seres humanos como una raza totalmente inferior.

Muchos nos percibirían de la manera en que nosotros percibiríamos a una manada de ganado.

Son carnívoros con relación a los seres humanos.

Existe un supuesto planetoide o asteroide "conducido" y habitado por 30 millones de individuos de esta especie que debe ingresar a nuestro Sistema Solar.

Consideran a la tierra como su antiguo hábitat propio y esperan tener el control completo del planeta cuando regresen. Su propio planeta está llegando a ser incapaz de soportar adecuadamente la vida y necesitan algun lugar donde vivir.

4-Zoomórficos y No Humanoides:

Zoomorfos.- Son extraterrestres con formas de animales. Pueden tener cualidades y características pertenecientes a diferentes especies combinadas. Se han reportado pocos casos de este tipo de seres, pero existen, algunos tienen formas de primate, murciélago, peces, en esta categoría se incluye al famoso “Chupacabras”.

Tomando en cuenta que el Universo es muy vasto y que en nuestro mismo planeta la diversidad de especies es muy extensa no es tan absurdo pensar en que una raza de algún animal no homínido haya evolucionado tanto como para poder viajar años luz, los mismos dinosaurios en sus últimas etapas evolutivas se estaban convirtiendo en seres de menor tamaño pero dotados de un arma más poderosa, la inteligencia.

También se incluye aquí constantemente a los reptilianos.

5-Enanitos verdes

Verdes.- Durante mucho tiempo se han reportado casos de seres diminutos comandando naves interestelares, según testigos estos seres pueden producir un cierto brillo fosforescente en la oscuridad, se mueven con rapidez y tienen amplios poderes telepáticos, aparentemente están fuertemente asociados con los duendes de las mitologías de todas las razas humanas, fácilmente explicable por las características, los poderes psíquicos y la manera en que aparecen y desaparecen. Seres pequeñitos, verdes y con grandes orejas puntiagudas.

6-Roboticos o Androides

Robots.- Vendrian a ser maquinas con inteligencia artificial o bajo control extraterrestre.

Poseen una morfologia muy variada.

Estos extranos seres comparten una caracteristica en comun: no parecen actuar en voluntad propia dado lo limitado de sus acciones, sino que probablemente son controlados a distancia.

7-Encapuchados

Encapuchados.- Son de gran altura. Visten completamente de negro y se caracterizan por su llamativa capa. Se comparan con el personaje del comic "Batman".

Se les ha visto salir desde el mar en la ciudad de Punta Arenas, Chile.

El Feng Shui


El término Feng Shui es la traducción de los caracteres chinos para "Viento y Agua". El Feng Shui es una práctica sistemática para poder orientar mejor lo físico, emocional y energético, con el fin de percibir una expansión de energía positiva en el espacio que nos rodea. Al término Feng Shui en algunas ocasiones también se le ha denominado como "Geomancia", ya que comprende el detectar las emanaciones magnéticas de la tierra. Sin embargo, el Feng Shui se dedica a orientar armoniosamente las cosas en los lugares donde se vive, donde se trabaja o donde se requiera, ya que su principal objetivo es "Respirar el Chi" (Chi significa energía vital en el idioma Chino).

Los lugares que habitamos, trabajamos o pasamos algún tiempo, están impregnados de alguna manera por la energía de:

* - Corriente subterránea de energía nociva
* - Nuestros pensamientos
* - Bloqueos por mala distribución de los muebles
* - Nuestras palabras
* - Bloqueos por incorrecta mezcla de colores
* - Magnetismo de la tierra
* - Puertas dimensionales por donde penetran entidades
* - Nuestras emociones

Todos hemos experimentado alguna vez, cuando vamos a algún lugar, y sentimos que el ambiente está muy agradable y acogedor, esto nos está indicando que el lugar tiene fluidez de energía vital, las personas que residen o trabajan ahí emanan tranquilidad y equilibrio. De la misma manera, hemos ido a lugares en donde estamos escasos cinco minutos, y comenzamos a sentir incomodidad, desagrado, molestia, desesperación, y nos obliga a retirarnos rápidamente. Aunque no sabemos el origen de estas sensaciones, ni seamos psíquicos experimentados, nuestra mente y nuestro campo aurico nos está dando información de lo que a simple vista no se puede ver, pero si se siente.

No se sabe desde cuando se comenzó a utilizar la ciencia del Feng Shui, pero desde tiempos muy remotos en la Dinastía Chou en China, alrededor de los años 480 a 221 a.c., hay datos de que utilizaban a los conocedores para elegir lugares para habitar, plantar semillas, cosechar, trabajar, etc. y a partir de ahí continúa como una práctica, y en la actualidad los grandes banqueros japoneses siempre solicitan la revisión de un experto en Feng Shui para elegir la zona mas adecuada para construir.

El Feng Shui toma en cuenta muchos aspectos, como la orientación hacia el norte o sur, la entrada de energía por el este, la fluidez de las corrientes subterráneas magnéticas, y otros factores. En un principio los sabios chinos colocaban un trozo de pan o alguna fruta y la dejaban algunos días en el lugar, observando diariamente, en los lugares donde había energía positiva, la fruta permanecía intacta sin deteriorarse por varios días, sin embargo, en los lugares donde había cruces de líneas magnéticas nocivas, la fruta comenzaba a presentar deterioro rápidamente. Es muy importante considerar el Feng Shui de todos los lugares, ya que cuando se desconoce, las energías magnéticas nocivas pueden estar causando que las personas se enfermen constantemente sin razón aparente, se sientan débiles, demasiado alteradas, o con dolor constante. Independientemente el ambiente interno que se crea en cualquier habitación, también puede producir sensación de ahogo, tristeza, depresión, angustia, etc., o al contrario, sensación de bienestar y optimismo.

Es importante revisar el Feng Shui de nuestros lugares, para crear esa atmósfera que realmente nos ayude a proyectarnos mejor, a sentirnos en armonía con nosotros y el alrededor, así como aprovechar todas las fuerzas que nos da la tierra para nuestro beneficio. Cuando se encuentran lugares con emanaciones negativas propias de la tierra, hay formas de neutralizarlos para que no afecten en ningún aspecto físico, mental, emocional o energético. El Feng Shui nos da herramientas para poder alterar, corregir, sintonizar, armonizar y energetizar adecuadamente todos los espacios.

martes, 6 de enero de 2009

La batalla del paso de las Termópilas


Durante la Segunda Guerra Médica se produjo un épico enfrentamiento (uno más entre los muchos que se llevaron a cabo en aquellos tiempos) en un estrecho desfiladero situado en la confluencia de varias pequeñas naciones griegas.

Luego del fracaso de Maratón, Jerjes, el rey de Persia, viajó con 200000 soldados para una nueva invasión a Grecia en finales del verano del año 480 a.c. En el mar 750 naves de guerra atacarían a la flota griega, casi toda ateniense.

Ubicado el ejército invasor en el norte, el paso de las Termópilas era el único camino para llegar al sur, un pasaje de sólo 15 metros de ancho. Leónidas, general espartano, fue el encargado de resistir el área. Él y unos 300 soldados óblitas previamente preparados para la muerte se unieron a otros 7000 hombres de Atenas y otras partes del país.

Lienzo que describe la batalla (1814, Museo de Louvre) Leónidas sabía que perdería la batalla, sin embargo debía luchar hasta morir, tal como le enseñaban a los luchadores espartanos. Reconstruyeron el muro que rodeaba Termópilas para impedir cualquier paso persa que no sea por el corredor, para posteriormente desechar la propuesta de Jerjes para una paz y así evitar el derramamiento de sangre. Mientras tanto, una intensa tormenta causó grandes daños en la marina persa causando gran enojo en Jerjes. Aún así, el rey persa estaba seguro de que el mayor número de hombres (la relación fue de casi 30 a 1) era suficiente para una victoria rápida.

El 18 de agosto, tras cuatro días de preparaciones, empezó la lucha. Los persas se dieron cuenta que la estrechez del campo de batalla diluía su ventaja numérica, cayendo uno a uno ante la mejor armadura griega. Rápidamente el paso se convirtió en un campo de muerte, en la que ni siquiera las mejores tropas de Jerjes pudieran hacer algo por impedirlo. Al caer la noche, los persas se retiraron para idear otro plan de ataque.

Al día siguiente Jerjes armó una brigada de élite para destruir la defensa griega, con la amenaza de la muerte en caso de retroceder. Nuevamente fueron aniquilados. Jerjes tuvo que suspender el ataque al ver cómo caían sus mejores hombres y la moral de su ejército.

Sólo una cosa podía vencer a los griegos: la traición. Efíates fue comprado por los persas para que les mostrara un camino que pudiera rodear el paso de las Termópilas. Los persas rodearon el lugar durante la noche.

El 20 de agosto fue el día decisivo de la lucha. Los defensores, diezmados en número en los días previos, fueron rodeados y la lucha ésta vez fue desigual. Hacia el mediodía los pocos que quedaban en pie resistían con las manos y pies cuando sus armaduras ya no les eran inútiles. Cuando ya no había casi nada por qué luchar, los arqueros persas lanzaron sus flechas hacia los griegos para no desperdiciar más hombres. El cuerpo inerte de Leónidas fue encontrado y decapitado para mostrar su cabeza al ejército, pero su moral ya estaba dañada por la inmensa cantidad de hombres que perdieron peleando contra sólo unos cuantos. Estaban preocupados por el futuro que les iba a esperar más adelante. Aún así, la batalla de las Termópilas había terminado a su favor.

Aunque Grecia perdió la batalla y el camino hacia Atenas estaba abierto, aquellos defensores se hicieron de un nombre como símbolo de heroísmo, tal como lo quería Leónidas.

El vuelo 19



Uno de los más grandes misterios de la historia de la aviación militar ocurrió el 5 de diciembre de 1945, cuando seis aviones desaparecieron misteriosamente en el fatídico Triángulo de las Bermudas.

En la base aérea de Fort Lauderdale en Florida (Estados Unidos), los entrenamientos a los nuevos pilotos no cesaba aún cuando la Segunda Guerra Mundial había terminado hace meses. Ya en un acto de rutina, un grupo de aviones Avenger estaban listos para volar en unas prácticas. Debían ir 250 kilómetros al este en línea recta, dar vuelta al norte y regresar a la base.

El cielo estaba despejado, el sol brillando y el mar calmado. Al mando del vuelo número 19 estaba el teniente Charles Taylor, que debía orientar a los otros cuatro cazas, de tres pilotos cada uno (pero antes de despegar uno de ellos se reportó enfermó partiendo 14). Los aviones tenían la suficiente cantidad de combustible como para la hacer la misma misión tres veces seguidas.

A las dos de la tarde del 5 de diciembre de 1945 los cinco Avenger partieron de la base encontrando el buen tiempo que los meteorólogos predecían. Durante los primeros 90 minutos las comunicaciones entre el escuadrón y Fort Lauderdale eran normales; pero a las 3:45, a pocos minutos de regresar los aviones, un mensaje alertó a todos. Taylor informó que se habían perdido, que no podían avistar tierra.

En dicho mensaje afirmaban que el mar se había enrarecido, ni siquiera podían establecer una posición. La comunicación se cortó por una extraña estática en la zona. Los radioperadores en tierra buscaban restablecer por todos los medios el contacto, pero sólo podían escuchar el ruido de los motores, mas no las voces de los pilotos. A las 4 volvió Taylor a transmitir de forma entrecortada, confirmando que el desconocimiento de su posición... y que el mar había adquirido un extraño color blanco.

Desconcertados, la base trató de restablecer el contacto como sea. Nuevamente el escuadrón se dejó escuchar: "Estamos completamente perdidos, y parece que...". Fin de la comunicación.

La base de Fort Lauderdale, al no poder contactarse otra vez con el vuelo 19, se comunicó con todas las embarcaciones en el área sin éxito. Se envió como primera iniciativa al hidroavión Martin Mariner, experto en este tipo de búsquedas, a unos 150 kilómetros al noreste de la base naval de Banana River, lugar donde se estimó podrían estar los aviones perdidos.

El Martin Mariner logró contactarse con el escuadrón perdido. La comunicación, que también fue escuchada en la base, fue tan cortante como misteriosa. El hidroavión, luego de pedirles la altura para tener contacto visual con ellos, recibió entre la interferencia una respuesta: "¡No nos sigan!". Ésa fue la última vez que se supo algo del vuelo 19.

Durante los siguientes siete minutos el Martin Mariner buscó por toda la zona a los aviones en constante contacto con la base... hasta que de repente también dejó de transmitir. Ni siquiera se pudo establecer una corta comunicación como si ocurrió con los Avengers. Ésa fue la última vez que se supo algo del hidroavión.

De inmediato el presidente de los Estados Unidos, Harry S. Truman, ordenó un operativo de gran envergadura en todo el Triángulo de las Bermudas para buscar esas naves. Ésta sería la mayor operación de búsqueda de la historia, así como una de las más infructuosas: arrasaron el lugar y no encontraron nada, ni siquiera una mancha de aceite.

El misterio que rodeó (y aún rodea) lo que pasó aquel día no hizo más que incrementar la leyenda de la maldición de el Triángulo de las Bermudas.

lunes, 5 de enero de 2009

Supersticiones



Una superstición es una creencia en hechos sobrenaturales. Surge cuando se atribuyen poderes extraordinarios a ciertos objetos y se busca en ellos la explicación a algunos sucesos sorprendentes, como las coincidencias.
También se consideran supersticiones ciertas creencias en materia religiosa que a veces se llevan hasta extremos ridículos, llegando al fanatismo.

Una superstición común dice que si rompes un espejo tendrás siete años de mala suerte, pero supuestamente existe un remedio para contrarrestar el maleficio, y es recoger los trozos del espejo y meterlos en un cubo con agua durante siete días y siete noches.

El buque se llamaba Viernes, su quilla fue colocada un viernes y a su frente estaba el capitán Viernes.

El Almirantazgo británico se había propuesto terminar con una de las supersticiones más arraigadas en la Marina: que el viernes es un día de mala suerte. Quizá los planes del Almirantazgo fueran encomiables e incluso irreprochables. Pero durante su viaje inaugural, que comenzó un viernes, la nave desapareció con todos sus tripulantes. Jamás volvió a saberse nada de ella.

El Almirantazgo niega persistentemente la verdad de esta historia, pero tal actitud no modifica las cosas: durante generaciones, los marinos ingleses la han creído al pie de la letra. La superstición no cede ante la lógica. En muchos casos es reliquia de religiones primitivas, en las que el hombre adoraba a las fuerzas de la naturaleza con la esperanza de sobrevivir a las calamidades.

El hecho de tocar madera para obtener buena suerte refleja la creencia primitiva de que cualquier objeto natural (por ejemplo, un árbol) estaba habitado por un determinado dios. Antaño se atribuyeron beneficiosos efectos al fuego y al hierro que hoy se asignan al carbón y a la herradura.

Derramar la sal era signo de desventura, ya que desde la antigüedad hasta los tiempos modernos la salazón fue el único procedimiento válido para conservar las carnes.

Para las gentes primitivas era necesario que su hogar estuviera bendecido por espíritus favorables. Para los romanos el lugar más importante de la vivienda era el hogar (del latín, focus: fuego) donde ardía la lumbre y vivían los dioses lares. En la Europa occidental se creía que la chimenea era el habitáculo de pequeños gnomos y de otras hadas cuya presencia era altamente saludable. Algunos pensaban, incluso, que estos seres colaboraban en las faenas domésticas. No era prudente ofender a los gnomos.

En su afán de propiciarse a los espíritus, las amas de casa de las islas occidentales de Escocia dejaban encendido parte del fuego para que las hadas no tuvieran frío por la noche.

La superstición también dominaba las tareas de la mujer en la cocina. Ciertas amas de casa aún creen que perderán la comida si la revuelven en sentido contrario al del movimiento del Sol. Para evitar que las gallinas se ofendieran y dejaran de poner, no se arrojaban cáscaras de huevo a la lumbre. La mujer guardaba minuciosas reglas.

No hay herramienta que más implicaciones supersticiosas tenga que el cuchillo. Por ser de hierro, se veía en él protección contra todo tipo de males. Esto puede remontarse a los tiempos antiguos, cuando las gentes armadas con objetos de piedra o bronce sucumbían ante las espadas de hierro, de afilada hoja y aparentemente mágicas.

Existe la creencia de que dos cuchillos cruzados sobre una mesa indican pelea, a no ser que alguien los separe.

Las supersticiones en torno al pan son numerosas. Se temían funestas consecuencias si la masa no fermentaba, pues el demonio estaba dentro del pan que no subía.

Por esta razón se practicaba un doble corte en forma de cruz en su parte superior, con el fin de que la harina se esponjara y el diablo pudiera escapar. Era imprudente cortar el pan por cualquiera de sus extremos, pues el genio del mal discurría a sus anchas por toda la casa.

Ni la mesa está libre de supersticiones.

Si durante la noche queda cubierta por un mantel blanco, pronto será necesaria en la vivienda una mortaja.

Sobre todo, jamás debe permitirse que 13 personas se sienten a la misma mesa. Esta idea suele asociarse a la Ultima Cena, donde hubo 13 comensales, incluido Judas Iscariote que traicionó a Cristo.

Pero esta creencia es más antigua que el cristianismo. En la mitología noruega, 12 dioses celebraban un festín, cuando Loki, el Espíritu de la Discordia, apareció entre ellos y provocó una querella que acabó con la muerte de Baldur, favorito de los dioses.

Fuera de casa acechan otros peligros. Una de las supersticiones más extendidas es la de no pasar bajo una escalera de mano por si se cae una herramienta o un bote de pintura. Pero el motivo es mucho más remoto. Cualquiera que pasara bajo una escalera rompía el triángulo, antiguo símbolo cristiano de la Trinidad.

También se dice que la superstición de la escalera estuvo asociada con la horca. Un método de colgar al reo consistía en arrojarle desde una escalera para que cayera bajo ésta y quedara suspendido de la soga.

Desde tiempo inmemorial se ha considerado a las gallinas y, en general, a las aves como excelentes guías del futuro. Los romanos consultaban con frecuencia las entrañas de las mismas. Pero parece ser que la actitud del consultante tiene mucho que ver en el resultado de esta clase de consultas. En la antigua Grecia, el fiero capitán de una flota recibió de sus adivinos la advertencia de que las aves sagradas se negaban a comer, lo cual presagiaba una catástrofe. «Bueno, veamos si quieren beber», respondió sin inmutarse. Lanzó todas las aves por la borda, se enfrentó a su enemigo y ganó la batalla.

Ciertas supersticiones rebasan todas las fronteras; pero otras son propias de determinados países o razas. Baste aludir al caso del Japón, donde se estima pernicioso tomar un peine con las púas dirigidas hacia uno; que matar una araña antes de mediodía es matar un alma humana, y que la mayoría de los gatos traen mala suerte.

Además de las supersticiones nacionales existen supersticiones raciales. Por ejemplo, no debe mirarse a un niño judío mientras duerme (por el parecido con la vigilia de la muerte). Tampoco se le debe mostrar su propia imagen hasta que le haya salido el primer diente.

Los gitanos creen que es peligroso comer alimentos sobre los cuales alguien haya pasado, o beber agua de un riachuelo sobre el que haya cruzado una mujer. Todas las caravanas deben ser quemadas cuando muere su dueño.

También se dice que te perseguirá la mala suerte si derramas la sal, y el remedio para que esto no ocurra es coger un poquito de la sal derramada y tirarla hacia atrás sobre tu hombro izquierdo. La sal, en la Antigüedad, representaba riqueza.

Otra superstición menos famosa es que si te cruzas con un pelirrojo tendrás mala suerte durante tantos días como botones tengas en tu camisa. Para contrarrestar el efecto, tienes que tocar uno de los botones de tu camisa.

También se dice que da mala suerte que se te cruce por delante un gato negro.

Da mala suerte el día de martes y 13, o el número trece a secas.

Atrae la desgracia el abrir un paraguas en un sitio techado

Si se te ponen las orejas coloradas, es que están hablando de ti, bien (si es la oreja derecha) o mal (si es la izquierda).

Cuando se te caen repetidamente las cosas, se dice ¡quién se estará acordando de mí, que se me está cayendo todo!

Dicen que una mujer no debe permitir que se acabe la sal en su casa, nunca se debe estar sin sal en casa porque eso trae mala suerte.

Cuando sientes un escalofrío repentino es que alguien acaba de pisar la que será tu tumba.

Cuando te zumban los oídos es que alguien está hablando mal de ti.

Da mala suerte levantarse con el pie izquierdo.

Da mala suerte poner el pan al revés en la mesa.

Bautizar a un barco con el mismo nombre que tiene otro barco tambien da mala suerte.

El acostarse del lado del corazón ocasiona malos sueños.

Que el novio vea a la novia vestida de tal antes de la ceremonia.

"Dineros o palos". Si se siente comezón o picazón en la palmas de las manos, es que se va a recibir dinero, o se van a recibir palos.

Pisar accidentalmente el excremento de un animal traerá buena suerte.

Si te golpeas en el codo y no te sobas te llegara un regalo.

Resulta muy fácil rechazar las supersticiones por absurdas; pero sólo quienes sean capaces de romper un espejo, sin pensarlo dos veces, tienen derecho a hacerlo.

ENP 001: La desaparición de SSIIAABB

En el primer capítulo de "El No Podcast" de La Matriz Secreta hablaremos de manera distendida de la desaparición de SSIIAABB alias...