miércoles, 29 de octubre de 2008

Dinosaurios Africanos del S.XXI

El extenso continente negro aún alberga muchos misterios. Uno de ellos es la presencia de animales semejantes a dinosaurios. Según testimonios de nativos de diferentes lugares inhóspitos, aún existirían estas criaturas, tanto las que eran herbívoras como las carnívoras.

La reciente expedición en el mes de julio de 2006, de un equipo de criptozoólogos ingleses a Gambia, reavivó los testimonios sobre la existencia de estos enormes saurios que la “Ciencia oficial” declaró extinguidos hace millones de años.

La misteriosa criatura buscada por los investigadores del Reino Unido es conocida en Gambia como ninki-nanka. El ninki-nanka (que se cree vive en pantanos) aparece en la cultura local de varios lugares de África Occidental. Se lo describe con cabeza parecida a la de un caballo, un largo cuerpo con escamas simétricas y una cresta de piel sobre su cabeza.

El jefe del equipo, Richard Freeman, le dijo a la BBC que las pruebas de la existencia del ninki-nanka no son muy sólidas, ya que la mayor parte de la gente murió poco después de verlo. Freeman, es un criptozoólogo del Centro de Zoología Forteana del Reino Unido, y admitió que la existencia del ninki-nanka está basada en los relatos que circulan desde hace años. Algunos afirman que es parecido a un cocodrilo o una víbora, y otros dicen que tiene alas y escupe fuego. Y que, quien lo ve, muere a los pocos días, tal vez se trate de diferentes criaturas desconocidas. Freeman rechazó la sugerencia de que la búsqueda de la criatura fuese una pérdida de tiempo y dinero.

“No sabíamos nada de esto antes de venir. Tenemos que investigar todo para ver si existe la posibilidad de que haya una verdadera criatura aquí”, explicó Freeman.

Otros parientes del ninki-nanka en África
En las cuencas superiores de los ríos Congo y Zambeze se han recogido desde el siglo XVIII informes ambiguos sobre animales desconocidos que coinciden en describir un ser que recuerda vagamente a los dinosaurios saurópodos. De hecho, en muchas ocasiones los indígenas interrogados han reconocido a esos animales en dibujos de estos dinosaurios.

Los habitantes de Camerún, creen en la existencia de una enorme criatura cuadrúpeda que se parece mucho al brontosaurio en realidad, cuando se les muestra un dibujo de un brontosaurio y se les pide que lo nombren, dicen indefectiblemente que es un mbulu-embembe. Este animal ha sido visto no sólo en Camerún sino también en Gabón donde se lo llama nyamala, en la República Centroafricana recibe diversos nombres: los banziris le llaman songo, los bandas, badigui (diablo acuático); en el distrito de Birao recibe el nombre de guanerú; en Baya se le llama diba. En el suroeste de Zambia, un animal similar recibe el nombre de isiququmadevu, según los nativos es más alto que un hombre, tiene cabeza de serpiente, cuello largo y patas de lagarto, y deja un rastro de 1,5 metros de anchura. En el Congo es conocido con el nombre de mokele-mbembe que significa “el que detiene los ríos” y es el nombre que más ha trascendido a Occidente.

Respecto al mokele-mbembe, se reportan variaciones en su longitud que van desde 5 hasta 10 metros, mucho de ello conformado por su larga cola y muy largo cuello. Su cabeza y cuello son comparadas a la de una serpiente, pero es mucho más largo que cualquier serpiente pitón. Las patas del mokele-mbembe son descritas como cortas, sus huellas se parecen a la del hipopótamo, aunque mayores y palmeadas son redondas como de 30 centímetros por pisada. Según algunos exploradores, son circulares, del tamaño de una sartén, con tres dedos. Se cuenta que en una ocasión un grupo de pigmeos consiguió matar un mokele-mbembe y que todos los que comieron su carne murieron. El cuerpo ha sido comparado con un elefante o un hipopótamo. Se dice que se alimenta de malombo, Landolphia spp. Una planta tropical trepadora lechosa y con frutas semejantes a manzanas.

Las expediciones no encuentran nada
Para conocer si hay algo de verdad en los relatos de nativos y exploradores, se han realizado multitud de expediciones a las zonas donde se han producido la mayoría de los testimonios.

Los primeros relatos autentificados sobre el mokele-mbembe fueron recogidos por el capitán Freiherr von Stein zu Lausnitz en 1913. Este capitán de las fuerzas coloniales alemanas, recopiló abundante información sobre este misterioso animal en Camerún y Rhodesia, hoy Zimbabwe. Según su información, el animal, del tamaño de un elefante, era de color pardo grisáceo, de piel suave y cuello largo y flexible. Se decía que este extraño monstruo vivía en cuevas subacuáticas barridas por el río y que cualquier canoa que se atreviese a acercarse a ellas estaba condenada de antemano.

El escritor y naturalista inglés Ivan T. Sanderson pudo ver en 1932 a esta criatura en una de sus expediciones por la pantanosa zona del río Mainyu, en el África ecuatorial occidental. Se encontraba navegando junto con sus compañeros en una zona inexplorada de este río, cuando de una cueva cercana surgió un ruido ensordecedor y, según relata él mismo, “vimos cómo algo enorme se levantó frente a nosotros, convirtiendo el agua en espuma”. La visión duró apenas unos instantes, pero fue un tiempo suficiente para que pudiesen apreciar que lo que se había levantado del agua era “la cabeza negra de un animal semejante a una enorme foca, aunque mucho más ancha que larga”. Si bien la cabeza fue la única parte del animal que pudieron contemplar, era del mismo tamaño que la de un hipopótamo adulto, la forma de la misma no tenía ningún parecido con la de este mamífero.

En 1932, el capataz sueco de una plantación de caucho se encontró con un enorme monstruo en África Central. Mientras cazaban en el valle pantanoso del río Kasai, J. C. Johanson y su porteador africano se vieron sorprendidos por la presencia de un lagarto de quince metros. Sin detenerse a contemplarlo, los dos hombres iniciaron el regreso a la plantación, pero al cruzar un pantano volvieron a toparse con el gigantesco ser, ocupado en devorar a un rinoceronte. “El lagarto trituraba los huesos del rinoceronte con un ruido que helaba la sangre. Saltó al agua en el preciso momento en que disparé mi máquina”, declaró Johanson.

En 1959, cuatro militares belgas que sobrevolaban Katanga en la entonces colonia del Congo Belga (actual Zaire) vieron lo que podría calificarse como un monstruo. A las órdenes del coronel y piloto de la aeronave, Remy van Lierde, habían despegado de la Base de Kamina en misión de reconocimiento. Y sin buscarlo, se convirtieron en testigos de otra leyenda indígena al avistar, a menos de 40 m. de altura, una inmensa serpiente de color verdoso y rosado, de vientre blanquecino, tan ancha como un hombre y de unos 14 m. de longitud, reptando entre los arbustos. Durante varios minutos pudieron contemplar al monstruoso animal, cuya cabeza triangular medía unos 80 cm. de ancho.

De no haberse tratado de cuatro militares europeos, y de no haber fotografiado al enorme animal desde el helicóptero, la monstruosa serpiente continuaría siendo una leyenda que los nativos de la zona llamaban pumina.

En 1980, la expedición al río Likouala-aux-Herbes, en la República del Congo, de los zoólogos James Powell y Roy P. Mackal fotografió una pista abierta en la vegetación por un animal acuático (comenzaba y terminaba en el río) de unos dos metros de alto, que aparentemente arrastraba una pesada cola.

En 1981, Mackal, realizó otra expedición a la zona encontrándose con testimonios que describen otros animales no catalogados por la zoología: el emela-ntouka (un pariente del triceratops, un saurio con cuernos en la frente), y el mbielu-mbielu-mbielu (gran reptil con protuberancias en el dorso, como los estegosaurios).

En 1982, nuevamente Roy Mackal, de la Universidad de Chicago, organizó una exploración de la zona norte del lago Likusia, en la República Popular del Congo. Desde esta región pantanosa habían llegado multitud de noticias sobre este animal desconocido por la ciencia. Durante varias semanas, el grupo de científicos recorrió esta extensa zona apenas hollada por el hombre blanco recogiendo decenas de testimonios de los nativos. Finalmente los científicos encontraron las huellas de un animal desconocido pero de tamaño superior, sin duda, al de un elefante.

Mackal pudo recopilar en el Congo numerosos testimonios referentes al mahamba, una especie de cocodrilo gigante y muy voraz que en Angola se llama lipata. La descripción de estos gigantescos reptiles recuerda a algunos naturalistas al Phobusuchus, una especie desaparecida de saurio que podía alcanzar los 16 m. de longitud. Mackal, respecto al mokele-mbembe sugiere específicamente que se trata de un Atlantosaurio.

Un dinosaurio visto por científicos ¡vivo!
Otra expedición, en esta ocasión de científicos de la universidad de Brazzaville: repitió pocos meses después el intento de encontrar esa bestia misteriosa que se dice habita en las apartadas marismas. En esta ocasión, los científicos tuvieron más suerte. El biólogo Marcellín Agnagna y su equipo se encontraron el 1º de mayo de 1983, frente a frente con ese animal en las aguas del remoto lago Tele, situada en la confluencia de los ríos Likouala y Bai. Se trataba de una especie con aspecto distinto a cualquier otra conocida hoy día, y con una morfología muy similar a la de un gran dinosaurio saurópodo, según palabras de Agnagna: “Se trataba de un animal semisumergido en las cenagosas aguas, del que se podía distinguir un gran dorso de al menos cinco metros de longitud, así como un largo cuello rematado por una pequeña cabeza de aspecto reptiliano cuya morfología recordaba a la de un saurópodo del Mesozoico".

Por desgracia, tampoco en esta ocasión fue posible obtener la prueba definitiva para demostrar al mundo entero la existencia de este fósil viviente, conseguir la captura de un ejemplar. La complicada orografía, el intrincado laberinto de pantanos y ríos que se entrecruzan, es sin duda uno de los principales garantes del anonimato de los que tal vez pueden ser los últimos dinosaurios sobre nuestro planeta. Otras expediciones que se han realizado a la zona, tampoco han sido jalonadas por el éxito.

Un equipo de once japoneses, entre marzo y abril de 1988, viajó a la zona de las marismas del lago Tele, en la misma región de Likuala. Uno de lugareños les había testificado sobre su contacto directo con el monstruo. Uno de ellos afirmó haberlo visto entrar en el lago apenas un mes antes, y otro, un cazador de elefantes llamado Inmanuel Mongoumelo, dice que lo vio en los ríos Sanga y Bai, que están conectados con el lago Tele. Incluso varios de los ancianos de la aldea recuerdan que, a principios de siglo, una de estas criaturas fue cazada por los pigmeos de la cercana zona de Oumé. Los expedicionarios sólo pudieron ver en una ocasión, un gran objeto negro flotando en el centro del lago, pero la niebla les impidió observar más detalles.

En 1993, Rory Nugent fotografió un objeto acuático en el mencionado lago Tele, también en la República del Congo.

Evidentemente, las tradiciones y leyendas que todavía hoy narran los nativos de toda África deberían ser contempladas con menos soberbia y escepticismo por los eruditos científicos occidentales. Lamentablemente, como sucede con muchas otras especies que si están registradas, en los últimos años seguramente se están extinguiendo estas extrañas criaturas debido a la tala indiscriminada de bosques, a la presión demográfica del hombre y a la contaminación de las aguas donde se ocultan. Algo que probablemente, no hubiera sucedido con muchos de estos animales ocultos si la Ciencia no se hubiera burlado de los testigos, hoy esas criaturas estarían catalogadas y registradas “oficialmente”. Tal como sucedió con el gorila que en principio era una leyenda, el okapi, el mono mangabey, el celacanto (1938) y otros animales que la Ciencia decretó que no existían o que se hallaban extinguidos desde hace milenios. El mismísimo dragón de Komodo, que habita en las islas de Cómodo y de Flores, es el lagarto más grande del mundo, pero para la Ciencia era una superstición de nativos ignorantes hasta que fue descubierto en 1912. Por tanto, no es absurdo pensar que ciertos reptiles para salvarse de la extinción, fueron capaces de trasladarse a territorios más propicios, donde lentamente se adaptaron a los cambios del planeta. Año a año la ortodoxa comunidad científica se enfrenta con asombro a nuevos hallazgos zoológicos. El día que se capture una gran criatura “fósil” catalogada como fruto de mentes supersticiosas, se deberá rescribir todo lo que se nos enseñó con anterioridad sobre la historia de la naturaleza y el evolucionismo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

el monstruo del lago ness podria ser un dinosaurio.