lunes, 22 de diciembre de 2008

Nuevo Orden Mundial ¿Realidad o Fantasia?

Podemos ver la realidad de dos maneras:

Uno puede creer literalmente lo que lee en los periódicos, oye en la radio, ve en la televisión y lo que exponen los grupos mediáticos; es un modo seguro, garantizado, de estar en el mundo sin que aparezcan sombras, enigmas o motivo alguno de inquietud. Llamaremos a este modo: “Versión Disney” de la historia, en ella el universo cotidiano oscila regular y previsiblemente entre una pareja de valores claramente delimitados y cognoscibles: la Derecha y la Izquierda.
Podemos también cuestionar esta forma gregaria de hipnosis y acceder paulatinamente al conocimiento de una historia secreta, invisible, negada por “las más diversas autoridades”, una historia que no coincide con los valores de la tribu y que rompe con numerosos tabúes. “En la democracia no existe nada similar a una clase dirigente. Los medios de comunicación son herramientas imprescindibles para mantener las libertades mediante la configuración de una opinión pública informada y responsable”. Ante una pantomima como ésta, claro ejemplo de manipulación y desinformación, solamente cabe una sonrisa escéptica o una crítica breve, arrebatada y feroz. Existe la clase dirigente. La democracia es escasa o nulamente democrática. Nuestro destino lo rige el gobierno oculto. Los grupos mediáticos persiguen una política de ocultación y distorsión de los acontecimientos de acuerdo con los intereses de sus gestores propietarios, en el mejor de los casos, en el peor, nos encontramos ante un programa acelerado y premeditado de embrutecimiento ante el cual el “panem et ciercenses” de la antigua Roma constituye una mera anécdota.

La versión conspiratoria estándar mantiene la tesis de que existe algo así como un “plan global” que a través de las generaciones va siendo implementado en la historia mediante las actividades coordinadas de distintos personajes y organizaciones. Estas van insertando a sus miembros en las instituciones y tramas más diversas. Las sociedades secretas, las revoluciones, las guerras, las crisis económicas, entre otros muchos acontecimientos, formarían parte y darían testimonio de estas actividades. Francmasones, Jesuitas, Illuminati de Baviera, Rosacruces, Templarios o Thuleanos dan testimonio, a través de las circunstancias más plurales, de una presencia invisible y decisiva, sin la cual los acontecimientos permanecen opacos y desconectados de toda virtualidad explicativa. Sin olvidar los servicios secretos, los grupos económicos de presión o los representantes del crimen organizado y de las ciencias y las artes.

Hay muchos que ven en la paulatina constitución de un orden global planetario (el Nuevo Orden Mundial), una conspiración de los dirigentes del “gobierno oculto”. Los políticos serían poco más que locutores o empleados de segunda fila. La independencia de las naciones, un obstáculo a superar, ya sea mediante guerras puntuales (la invasión a Irak) o crisis económicas diseñadas (Sudeste Asiático, Latinoamérica), como a través de una retórica mundialista camuflada de todo tipo de patrañas pseudo humanitarias o ecológicas (Derechos Humanos, crecimiento sostenido, etc). La caja de resonancia suelen ser las Naciones Unidas, un foro de burocracias estatales que se considera el máximo órgano de legitimación soberana de las políticas, de cara al populacho narcotizado por la televisión. En esta trama, el socialismo habría sido simplemente un instrumento destinado a consolidar una concentración de poder inigualable en manos de determinadas elites, debilitando y aniquilando a las clases medias y auspiciando el control policial y mental del rebaño futuro. La Comisión Trilateral (David Rockefeller), el Club Bilderberg (Bill Clinton) o el Council of Foreing Relations (Kissinger, Brezinsky) constituyen ejemplos de instituciones, algunas de ellas transnacionales, que operan como foros de encuentro y reclutamiento de las nuevas elites que preparan la etapa faraónica de sumisión planetaria en el siglo XXI.

A juzgar por los acontecimientos actuales, la construcción del Estado Mundial (parte visible del “gobierno oculto”), New World Order (o Nuevo Orden Mundial) parece ya un proceso imparable. Y es así como a pesar del crecimiento intelectual de la humanidad, las explicaciones de los escépticos siguen siendo las mismas: pensar que las "causas y azares" que ocurren día a día en la complicada relación de EE.UU. con el mundo son pequeñas puntas de iceberg de una gran conspiración para mantener imperturbables y afianzar totalmente las estructuras de poder actuales “siempre es demasiado fácil, el problema es que todo encaja tan fácilmente que es sospechoso que esa sea la explicación”. Lo peor es que algunos sectores aún le dan cierto asidero a las posibles conspiraciones por venir pero descreen de las otras, aquellas que han sido cuidadosamente planeadas hace décadas y que poco a poco avanzan. Descreen de la conspiración de los sectores más prósperos del país en pos del beneficio propio y de la crisis del país, como así también descreen de los planes norteamericanos para apoderarse de la economía y los territorios de América latina.

Si tratamos de rellenar este esqueleto con carne, es decir con nombres propios o vicisitudes históricas concretas, seremos inmediatamente tildados de “paranoicos”. Este un modo claro de desacreditar a los que mantienen posiciones incómodas. Perdamos el miedo, no nos ofusquemos, permanezcamos alerta. Lo que ellos llaman “paranoia” es un paso adelante en el camino de la salud mental y, gracias a ello, una autopista hacia nuestra verdad. Riamos. Nada más serio que el humor. Nada menos divertido y auténtico que la sonrisilla de superioridad del ignorante que todo lo sabe mediante la prensa, la ciencia con minúsculas y los prejuicios.

Solo la desaparición de la conducta nihilista predominante en el pasado siglo en el hombre común, puede hacer que éste siglo no nos convierta en meras comparsas. Nuestra obligación es ver la verdad, y esa siempre es... la nuestra.

Nuevos Tiempos

“Habría que cambiar el orden asesino del mundo. Una banda internacional de especuladores bursátiles, sin alma ni corazón, ha creado un mundo de desigualdad, de miseria y de horror. Es urgente poner fin a su reinado criminal”
Jean Ziegler


En su reciente trabajo "Impacto de la globalización en los países en desarrollo", Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatic, después de hablar de los "nuevos amos del mundo", matiza: "por cierto, no constituyen, como algunos imaginan, una especie de estado mayor clandestino que conspira en las sombras para controlar el mundo; se trata más bien de fuerzas que se mueven a su antojo gracias a la globalización". Asimismo, Susan George, en una entrevista concedida con motivo de la presentación en Barcelona de su novela "Informe Lugano", a la pregunta de si lo que describe en ella no es acaso una conspiración planetaria, contesta: "No, no creo en las conspiraciones, sino en los intereses. He descrito que los amos del universo hacen lo que deben hacer dado quienes son, lo cual no es una conspiración".

Además de que no se aprecia ninguna incompatibilidad entre “conspiración” e “intereses” (¿se le ocurriría a alguien conspirar contra sus intereses?), de ambas declaraciones se desprende que los nuevos "amos del mundo" no serían seres cínicos y sin escrúpulos, sino más bien “instrumentos del determinismo ciego de las fuerzas del mercado”. Actúan así porque no pueden actuar de otra manera; y dado que ellos, pese a estar en su cúpula, no inventaron el mercado, la historia debería juzgarlos más como víctimas que como verdugos (quizás los millones de víctimas reales y diarias de su conducta deberían de tenerlos en cuenta en sus oraciones).

El miedo a que se les acuse de desenterrar la "conspiración judeo-masónica" podría explicar esas (al parecer obligadas) aclaraciones de éstos, por otra parte, "destacados luchadores" contra la globalización neoliberal.

Pero, vieja o nueva, con calificativos o sin ellos, la conspiración existe, y no podemos permitirnos la ingenuidad de pensar que lo que está ocurriendo en el mundo no obedece a ninguna planificación, sino que es una simple "explosión del desorden" y no parte sustancial del Nuevo Orden Mundial.

Porque sería caer en una peligrosa ingenuidad pensar que:

· Los "planes de ajuste estructural" del FMI no forman parte de ningún plan; ni el AMI-Ronda del Milenio fueron elaborados por ningún "cerebro conspirador" contra la soberanía de los estados. Sólo son "excesos" propios del neoliberalismo.
· Cuando multinacionales como Monsanto tratan de controlar la agricultura mundial y patentar la biodiversidad no buscan el control de la vida, sino "simplemente hacer mejores negocios".
· El archimillonario George Soros, gestor de gigantescos fondos de pensiones, que desencadenó con sus maniobras especulativas la crisis asiática del 97, "va por libre" y no tiene ninguna conexión con los cerebros financieros de Wall Street.
· No existe ese "plan de recolonización económica" de las naciones que denuncia M. Choussudowsky, a través de una "burbuja financiera" manejada por especuladores bursátiles ligados a los grandes bancos norteamericanos. La burbuja "se mueve sola", empujada por el viento del determinismo económico (el saqueo sin precedentes de Rusia -200.000 millones de dólares-) por redes que acaban en la Banca de Nueva York (en círculos próximos a Al Gore), esto es sólo "un problema de mafias".
· Las ingentes sumas de "dinero negro" (cinco billones en la última década) que según denuncia James Petras ("Dinero negro: fundamento del crecimiento y del imperio de Estados Unidos"), acaban, vía paraísos fiscales, blanqueados e ingresados en los grandes bancos, no evidencian ninguna conexión o plan premeditado, sino que "sólo es culpa de funcionarios corruptos que actúan por su cuenta."
· Los planes de privatización que se implementan en todos los países y sectores del mundo, incluido el medio ambiente, no forman parte de un plan de privatización del planeta entero.
· Los que se reúnen todos los años en Davos no planifican cómo repartirse el mundo (eso huele a conspiración), sino cómo desguazarse entre sí "en nombre de la competencia".
· Las guerras fratricidas que han desmembrado la antigua Yugoslavia no han sido deliberadamente inducidas, sino consecuencia de una "espontánea eclosión de los nacionalismos".
· Tampoco hay intereses inconfesables tras la súbita proliferación de guerras étnicas en el corazón de Africa que, junto con el S.I.D.A. están "limpiando" a millones de seres humanos de raza negra.
· No está en marcha el Plan Mackinder para el dominio estratégico del pasillo euroasiático, dirigido contra Rusia, China y la India. Los sanguinarios chechenos y talibanes, que operan en las ricas regiones petroleras del Cáucaso y Caspio, son sólo "románticos guerrilleros" o "estudiantes de teología", a los que las armas y el dinero les llueven del cielo (de la mano de Alá).
· La invasión aliada a Irak a sido una cruzada “patriótica y humanitaria” para salvar a los iraquíes de su dictador, (cuando en realidad esconde intereses económicos y políticos inconfesables).
· La reactivación de la "Guerra de las Galaxias", el redimensionamiento global de la OTAN y las "injerencias humanitarias" al margen de las Naciones Unidas no se inscriben en ningún secreto proyecto de dominación militar del mundo (recordemos que, según Ramonet, no existe ningún "estado mayor clandestino"). Sólo es para “meter en cintura a los países rebeldes y reacios a dejarse dominar por otros".
· La promoción-financiación de la fórmula bipartidista "unicopensante" a escala mundial, no busca convertir a los gobiernos y parlamentos en simples gestores y cajas de resonancia de las decisiones de un gobierno mundial en la sombra (puesto que éste, según los sres. Ramonet y George, no existe). El neo-autoritarismo creciente de esos gobiernos, que James Petras y otros intelectuales denuncian, no es el preámbulo de una dictadura planetaria, sino "pura paranoia" de algunos afectados por el "síndrome de la conspiración".
· El "pensamiento único" y lo "políticamente correcto", no forman parte de un proyecto totalitario, sino que "son simples subproductos del determinismo económico."
· La acelerada concentración de los medios de comunicación en unas pocas manos no obedece a la consigna de monopolizar la información y controlar nuestras mentes (eso también huele a conspiración), sino que “sólo es para vender más periódicos, telefilms y publicidad”.
· Los creadores de la red Echelon no espían nuestras vidas, sino que “sólo intentan conseguir mejores contratos".
· No existe ese plan de "destrucción sistemática de la cultura de lo colectivo" que denuncia Pierre Bordieu, en sorprendente coincidencia con el “Plan Lugano”. Lo colectivo "se autodestruye solo" (como las cintas de "Misión imposible").
· Esas burguesías ascendentes ("burguesías desnacionalizadas" las llama William I. Robinson en su excelente trabajo "La globalización capitalista y la transnacionalización del Estado") que trabajan afanosamente para implementar las consignas de las grandes instituciones capitalistas a costa de la soberanía de sus propios estados, han surgido en todos lados por "generación espontánea, sin ninguna conexión entre sí."
· La Comisión Trilateral es simplemente un "club de ricos" que se reúne periódicamente "para tomarse unas copas y hablar de negocios". O, en el peor de los casos, gentes que "se mueven a su antojo gracias a la globalización".
· Para Ramonet y George el "senado virtual que gobierna el mundo" (sistemáticamente denunciado por Noam Chomsky) es tan sólo "una secuela del mercado". Según ellos no hay conspiración: "le monde va de lui même."

Los "nuevos amos del mundo" se habrían encontrado entonces, sin proponérselo, con el mundo en sus manos.

Pero la verdad, por el contrario, es que en la cúpula rectora, astronómicamente rica, de ese gigantesco pulpo financiero que atenaza al mundo, el poder ya no está al servicio del beneficio económico, sino el beneficio económico al servicio del poder.

Contra lo que algunos creen, allí no hay lucha por el poder: ellos son "el poder". En una economía mundial en la que, como nos dice Samir Amin, la rentabilidad del capital productivo cae estrepitosamente por el agotamiento de los mercados, el que esos amos de los mercados financieros se dediquen al acaparamiento sistemático de los activos productivos a lo largo y ancho del planeta, no tiene otro sentido que un acaparamiento global de poder. No buscan apoderarse sólo de la riqueza de los estados: buscan apoderarse de los estados.

Y ya lo están consiguiendo, como nos advierte Vivianne Forrester ("Una extraña dictadura"): "todos los centros nerviosos de la sociedad están controlados por un régimen que delega en los políticos para llevar a cabo decisiones ya tomadas de antemano en lugares como la OCDE, el BM o el FMI".

No estamos ya en la lógica del mercado, estamos en la lógica despiadada de los "grandes mercaderes."

Estos no son juguetes del sistema; nosotros somos juguetes de su perverso sistema. Juegan con nuestros pensamientos y sentimientos mas allá de lo puramente económico para llevarnos a un mundo totalitario, donde no haya el mas mínimo resquicio para la libertad real.

El supuesto “ataque terrorista” a las Torres Gemelas (cada día más sospechado de haber sido un infame autoatentado) ha sido la excusa perfecta. No sólo ha servido para demostrar la posibilidad mutante de la historia, sino además para justificar toda una política imperialista orientada hacia unas relaciones internacionales absolutamente puestas al servicio de intereses groseramente claros. Quien piense que no existe una conspiración israelo-norteamericana para cambiar el mapa euroasiático, es simplemente un aspirante al error. Olvidar la sospecha de que lo sucedido el 11 de setiembre del 2001 fue lo mejor (peor) que le pudo ocurrir a Estados Unidos es alimentar deseos de ignorar las claves de la interpretación necesaria.

Dice Manuel Vázquez Montalbán en el prólogo de "Informe Lugano": "La globalización implica no sólo el objetivo de un gran mercado universal marcado por las pautas del neoliberalismo más salvaje, sino un control total de las conductas, impidiendo la simple posibilidad de insinuar, diseñar o practicar la disidencia".

El determinismo económico no es el culpable. Como denuncia Louis de Brouwer, consultor internacional de la ONU-UNESCO y autor del libro "Las mafias político-económicas que dirigen el mundo": "el poder político real es ejercido a nivel mundial por un pequeño grupo de individuos sin escrúpulos que se encuentra en EE.UU., un país gobernado por dirigentes de diversas sociedades secretas, y que 'casualmente' coincide que son los dueños de los seis principales bancos. Este pequeño grupo dirigente constituye el cerebro que domina el mundo".

Agazapado tras instituciones sin rostro, el "Gran Hermano" existe y conspira. No es simplemente "el mercado": son personajes con nombres y apellidos, siniestros y fríos hasta la barbarie. La ingenuidad es su mejor aliado.

Mucho podría escribirse todavía sobre lo anteriormente expuesto, aunque no parece oportuno después de haberse dicho ya bastante más de lo necesario para comprender la situación mundial. El mero hecho de tener que demostrar lo evidente, cuando la verdadera amenaza y el auténtico adversario no cesan de mostrarse incluso con descaro, es ya una señal elocuente del punto al que han llegado las cosas, y del que aún les queda por alcanzar.

2 comentarios:

Eduardo dijo...

Me da lastima que al parecer nadie lo haya leido....No se de donde lo sacaste pero muy bueno porque es conciso y completo...ademas de ironico y "de menor nivel intelectual" para que los que no estamos empapados en el tema podamos entenderlo bastante bien....

Eduardo dijo...

Me da lastima que al parecer nadie lo haya leido....No se de donde lo sacaste pero muy bueno porque es conciso y completo...ademas de ironico y "de menor nivel intelectual" para que los que no estamos empapados en el tema podamos entenderlo bastante bien....