jueves, 20 de mayo de 2010

¿Nació en 1976 el primer clon humano?

primer humano clonado clonacion humana human real clon
Según un libro narrado en forma de crónica y publicado en 1978 en los Estados Unidos, el primer clon humano habría sido creado por encargo en 1976 y el embrión llevado a buen termino. Su autor era David Rorvik, un periodista científico independiente, apasionado por la genética y los fenómenos paranormales.

En 1978, David Rorvik, un periodista especializado en temas médicos que trabajaba para el New York Times y la revista Time, escribió un libro llamado “In His Image: The Cloning of Man”. En el libro, Rorvik afirmaba que un clon humano acababa de nacer. Todo el mundo creyó la historia. Al fin y al cabo, se trataba de un texto escrito por un periodista conocido y creíble, y publicado por una conocida editorial en el campo de la medicina. Sin embargo, la comunidad científica no fue tan crédula.

La historia era digna de convertirse en el guión de una película de ciencia ficción. En el libro Rorvik contaba como, un día de 1973, recibió un llamado de un millonario de California. Este hombre, cuyo nombre real no se conoce pero en el libro aparece como “Max”, explicó al periodista que quería un heredero, pero que la vía para obtenerlo debía ser la clonación. Max ofreció a Rorvik una verdadera fortuna para que le encontrase un científico capaz de hacer realidad sus deseos.

Rorvik se encargó de reunir un equipo de científicos e instaló un laboratorio clandestino en una pequeña isla secreta, perdida en el Pacífico. Finalmente, después de tres años de experimentos, los científicos fueron capaces de producir un embrión humano viable que tenía el ADN de “Max”. Este embrión fue implantado en el útero de una madre substituta, nativa de la isla, cuyo nombre clave era “Gorrión” (“Sparrow”). Nueve meses más tarde, según la crónica de Rorvik, nacía en la isla el primer clon humano.

Dadas las conexiones y la credibilidad de las que gozaba el periodista el 3 de marzo de 1978 su historia fue la nota de tapa del diario New York Post, que además de la portada le dedico sus mejores páginas. Durante varios días todo el mundo hablaba de Rorvik, “Max” y su clon. El libro, como no podía ser de otro modo, se vendía por toneladas.

Pero no todo era color de rosas. Una noticia como esa tarde o temprano despierta el interés de algún político, y así fue como pocas semanas mas tarde el Congreso estadounidense designó una comisión para realizar una investigación del asunto. Es que el libro de Rorvik había sido recibido con mucho escepticismo por parte de la comunidad científica. Incluso en marzo de 1978 la prestigiosa revista Science publicó un artículo escrito por un grupo de investigadores que restaban credibilidad a la historia de Rorvik.

Como todo buen timo, el libro tenia bases creíbles. Por ejemplo, la técnica de clonación que se describía a lo largo de sus páginas se basaba en las experiencias exitosas realizadas en los años 1960 en batracios. Pero los investigadores sabían que esta técnica no era fácilmente aplicable a mamíferos. Las cosas comenzaron a ir definitivamente mal para el escritor cuando el biólogo británico Derek Broomhall, cuyos trabajos eran citados en el texto, demandó por difamación al periodista y a la editorial.

Poco tiempo después, un juez del tribunal de Filadelfia pidió a Rorvik que reprodujera el experimento del clon humano. Ante la imposibilidad de hacerlo, El juez declaró en 1981 que el libro “era una mentira y una broma”. Era el fin de Rorvik. La editorial tuvo que pagar una verdadera fortuna a Broomhall, y Rorvik término arruinado.

A pesar de todo el escándalo y las abrumadoras pruebas de que todo había sido un invento, David Rorvik jamás quiso admitir su impostura. En una entrevista realizada por la revista Omni en 1997 aún insistía con que su historia era verdadera.